¿Quién gana con un parking bajo el Campillín? No parece que ganen los vecinos y vecinas, que verán cómo se daña uno de los pocos pulmones verdes del centro. No gana la ciudad, que seguirá atrayendo coches al corazón del casco histórico. Y desde luego no gana la movilidad sostenible

Si hay algo comprobable en la ciudad es que el modelo de movilidad centrada en el coche, es cuanto menos cuestionable. Pero no lo digo yo, lo dice el propio diagnóstico que se hace para la elaboración del nuevo Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS). En otro artículo anterior, ya recogí los principales escollos que tiene la ciudad en esta materia.
El nuevo proyecto de aparcamiento subterráneo bajo el Parque del Campillín, quizás sea el mejor ejemplo de la perpetuación de todos estos errores detectados en ese documento. La actuación, que se vende como un parking “disuasorio”, no lo es en absoluto, puesto que plantea la llegada en vehículo privado hasta prácticamente la zona donde se pretende “disuadir”. Los aparcamientos disuasorios se sitúan habitualmente fuera del núcleo sobre el que pretendes evitar el tráfico y no aumentarlo, en puntos estratégicos de acceso a la ciudad. Así, quienes llegan de fuera pueden dejar allí el coche y entrar andando o en transporte público. Si al menos y por continuar con un ejemplo, estuviera situado en la propia Ronda Sur, que conecta con la autopista y está a dos pasos del Antiguo, podríamos hablar de disuasión. Sin embargo, con estos proyectos, lo que se está asegurando es que los coches sigan dando vueltas por el interior de la ciudad, bien procedentes de otros núcleos urbanos o bien desde otros puntos de la ciudad. y sigan perpetuando el modelo de ir-en-coche-a-todos-los-sitios, que tanto se advierte en el análisis.
Los alrededores del casco antiguo si algo necesitan es justamente lo contrario: menos coches. No es casualidad entonces que los colectivos vecinales y ecologistas hayan reaccionado con rapidez. La plataforma “El Campillín no se toca” recuerda además que el proyecto destruiría parte de un espacio verde emblemático, dañando árboles centenarios y convirtiendo el parque infantil en una plaza dura de hormigón.
Y lo peor es que ni siquiera resolverá el problema que dice querer solucionar. Porque el Antiguo no necesita más plazas de aparcamiento: necesita vecinos. Y no tienen porque llegar en coche o incluso tenerlo. Y ese es otro debate que no sabemos si el Ayuntamiento quiere abrir, tal parece que no.
Pisos turísticos y gentrificación
El verdadero problema del casco antiguo es que cada vez hay menos gente que viva en él y eso no lo va a solucionar que tengan o no plaza de aparcamiento, lo cual puede ser una ventaja pero para nada responde a lo fundamental: Los pisos turísticos y otros negocios, han crecido exponencialmente en número y en precio, expulsando poco a poco a los residentes. Cada nuevo proyecto que encarece el entorno y prioriza al visitante frente al vecino solo acelera esa tendencia.
Un aparcamiento subterráneo con plazas caras no está pensado para quien pueda vivir en el entorno de Santo Domingo o la Corrada del Obispo. Está pensado para quien viene de fuera, aparca unas horas y se marcha. El resultado: más presión inmobiliaria, más pisos turísticos y menos vida de barrio.
No hablamos de intuiciones. Ya hay parkings subterráneos en esa zona, con ocupaciones muy por debajo del 100 %. La solución no es construir otro más caro, sino repensar cómo usamos los que ya existen, también en superficie, con tarifas accesibles, prioridad para residentes y fórmulas que eviten que el centro se convierta todavía más, en un parque temático para turistas.
Otra oportunidad perdida
La idea de “enterrar coches” pertenece a un urbanismo del siglo pasado. En lugar de aprovechar la futura zona de bajas emisiones para apostar por el transporte público, la bicicleta o los entornos peatonales, se sigue optando por maquillar el problema.
Mientras tanto, hay zonas como la Ronda Sur, a las puertas de la ciudad y muy cerca del Antiguo, donde se podría plantear un verdadero aparcamiento disuasorio. Como ya apunté, sería más lógico, más barato y más coherente con un modelo de movilidad sostenible que se quiere reflejar en el plan de movilidad.
¿A quién beneficia?
La pregunta es incómoda pero inevitable: ¿quién gana con un parking bajo el Campillín? No parece que ganen los vecinos y vecinas, que verán cómo se daña uno de los pocos pulmones verdes del centro. No gana la ciudad, que seguirá atrayendo coches al corazón del casco histórico. Y desde luego no gana la movilidad sostenible, que queda reducida a un eslogan mientras se invierten millones en proyectos que van en la dirección contraria.
Lo que sí se gana es un nuevo reclamo para quienes visitan Oviedo unas horas, aparcan y se marchan. Lo que se gana es más presión sobre un barrio, como varios en la ciudad, que ya viven acosados por la especulación inmobiliaria y la turistificación. Y lo que se pierde es otra oportunidad de demostrar que se pueden hacer las cosas de otra manera.
El Campillín no es solo un parque. Es paisaje, memoria y ciudad. Oviedo se merece un modelo de ciudad pensado para quienes lo habitan, no solo para quienes pasan de largo. Un modelo que cuide a sus vecinos y vecinas, que recupere el Antiguo como lugar para vivir, no solo para especular y que entienda que árboles centenarios no se pueden reponer con más hormigón.
Por eso este debate no es solo urbanístico. Es una cuestión de futuro: o se sigue atrayendo coches y pisos turísticos al centro hasta vaciarlo de vida, o apostamos de verdad por una ciudad más verde, más habitable y más de todos y todas. Vengan de fuera o habiten la ciudad.
Que triste sin bancos para sentarse, sin arbustos, apenas se ven árboles, sólo, asfaltos, en Oviedo vamos de mal en peor.