‘Ciudadano Riego’ es uno de los ensayos más reveladores del año, en el que su autor alerta a la izquierda de la construcción de la identidad asturiana a partir de una leyenda ultraconservadora y desatender al creador del parlamentarismo europeo

Este extraordinario ensayo -que supera las quinientas páginas- sobre los símbolos que defiende Asturias, lo asturiano y los asturianos, podría resumirse en un conciso lema que, durante la conversación telefónica, ofrece su autor, Tito Montero, ovetense de 47 años: “Más Riego, menos Pelayo”. El libro del que hablamos con este cineasta lleva por título Ciudadano Riego. El asturiano que no quiso ser Napoleón y es uno de los ensayos culturales más atrevidos y originales, en forma y contenido, que viene a integrarse en la creciente biblioteca sobre la asturianidad, junto con Nunca vencida. Una historia de la idea de Asturias (David Guardado, 2023), No hay país. Crónica política (y sentimental) de Asturias (1975-2022) (Xuan Cándano, 2023), El paisaxe nuestru (Vanessa Gutiérrez, 2016) o Historia universal de Paniceiros (Xuan Bello, 2002).
En su caso, Montero lo ha hecho por su cuenta, sin contar con empresas editoriales y con un gusto exquisito por la edición del libro. Fue gracias a una ayuda económica dispuesta por la Creación Literaria para autores no profesionales, promovidas por la Consejería de Cultura para proteger la diversidad cultural y la libertad de pensamiento, cuando fraguó la escritura sobre Rafael del Riego (1784-1823), el personaje más relevante de la historia de Asturias, sin audiencia en la memoria colectiva de la comunidad. Luego, también recibió una ayuda del Ayuntamiento de Gijón para editarlo.
La tesis del libro es que en Asturias se construye la historia común desde el mismo lugar nacionalcatólico de conservadores y ultraconservadores, es decir, el mito de Pelayo, Covadonga y la reconquista. Esta línea de fe mitológica es compartida con el nacionalismo español, que defiende uno de los lemas más chovinistas y sobados: “Asturias es España y lo demás, tierra conquistada”. Para Montero Asturias se ha dejado atrapar por el mito de la tierra salvadora de la cristiandad europea en lugar de defender un mito propio, Riego, “el creador del parlamentarismo europeo, reconocido por la Unesco”.
Para acabar con el covadonguismo propone esta figura de choque y contrapropaganda, presidente del Congreso de los Diputados que puso en su sitio a Fernando VII, hizo posible un régimen constitucional y terminó ahorcado, en la madrileña Plaza de la Cebada (que ni siquiera lleva su nombre), traicionado por los suyos. “La iglesia de la Santa Cruz se levanta sobre un dolmen. La esencia simbólica de Asturias estaba en Covadonga mucho antes de que colocaran allí una santina. No se trata de abandonar la imagen de Covadonga, sino de reapropiárnosla, como clave política del Reino de Asturias como propone Pedro de Silva, que asegura que es un santuario de la naturaleza con un sustrato pagano”.
En el libro cuenta cómo el entorno cultural conservador defiende la línea trazada, entre otros por Menéndez Pidal. El dilema que plantea es la defensa del relato de la identidad asturiana que está haciendo la izquierda asturiana. Ha comprado esa misma línea, la del mito de Pelayo. “Si sigues por ahí, ¿a dónde llevas Asturias? Al lugar que quiere la ultraderecha. O rompemos con Menéndez Pidal o no hay nada que hacer. En estos momentos la democracia europea necesita que recuperemos a Riego, no a Pelayo”, defiende Tito Montero.
Desde hace una década se descuartiza el relato de la batalla de Covadonga como una invención de los cronistas de Alfonso III, en el año 880, según tesis del historiador José Luis Corral. “Si te cuentan que tu papel en el mundo fue pelear contra el Islam, te lo crees. Pero si nadie te cuenta que aquí nació el sistema parlamentario europeo, no puedes creer en ello. Riego es más que un hombre con himno republicano, fue el político más honrado que hemos tenido, un revolucionario constitucionalista”, dice. Por eso, Montero defiende la línea histórica que dejaron, además de Riego, el economista y político asturiano Álvaro Flórez Estrada (1766-1853) y el expresidente del Principado Pedro de Silva: “Más Pedro de Silva y menos Felipe González”, reivindica el autor.
Con este entramado histórico, concluye que el lema de la capitalidad cultural europea a la que aspira Oviedo debería ser Riego, “un ejemplo de los valores a defender por nuestra sociedad”. El ensayo de Montero propone una reparación histórica de los mitos historiográficos empleados para contar la nación española, construida sobre la identidad asturiana. “Por eso en Asturias estamos obligados a discutir el nacionalismo español”.
La construcción de la identidad asturiana está pendiente, según esta visión, de ser escrita desde Asturias y para Asturias. La potencia cultural que tiene Riego, en ese sentido, es desbordante, porque representa la cara opuesta a líderes como Donald Trump: “Le ofrecieron ser Napoleón y prefirió la Constitución. Riego es el pilar protodemocrático a reivindicar. Nos toca pensar la historia de una manera diferente a como nos la han contado y hacerlo desde la propia historia, no desde leyendas que interesaron a la monarquía para legitimarse. Si no lo hacemos, seguiremos el mismo camino de los ultraconservadores que cuestionan Europa y la España de las Autonomías”, concluye Tito Montero.