La presidenta vecinal de San Lázaro-Otero, Araceli González, tras una reunión con Cáritas, asegura que el conflicto del entorno del albergue persiste mientras la entidad sostiene que “dentro no hay problemas” y apela a límites competenciales en la vía pública

La tensión en los barrios ovetenses de San Lázaro y Otero en torno al albergue de Cano Mata continúa sin visos de resolverse. Así lo trasladó la presidenta de la Asociación de Vecinos de San Lázaro-Otero, Araceli González, tras una reciente reunión con responsables de Cáritas Diocesana de Oviedo, entidad gestora del recurso, en la que se abordó el funcionamiento del centro y el impacto que los vecinos denuncian en el entorno. La entrevista mantenida con la representante vecinal refleja un diagnóstico claro por parte de la asociación: existe una discrepancia profunda entre la percepción de la entidad gestora y la vivencia diaria del barrio. González sostiene que durante el encuentro “se negaron situaciones que luego se reconocieron como puntuales”, en referencia a episodios de ruido y alteraciones que los vecinos llevan meses denunciando.
Según explica, Cáritas defiende que en el interior del dispositivo no se registran incidencias relevantes, aunque la asociación vecinal discrepa de esa valoración. “Dentro no hay ningún problema, pero se ha demostrado que sí”, afirma la dirigente vecinal, que asegura haber contrastado quejas previas con hechos posteriores en el entorno del albergue.
El núcleo del problema, según la asociación, no reside en la existencia del recurso social, sino en su funcionamiento y en su relación con el barrio. Araceli González insiste en diferenciar entre la actividad interna del centro y lo que ocurre en su perímetro inmediato, donde los residentes denuncian consumo de alcohol en la vía pública, ruidos nocturnos, presencia de personas durmiendo en espacios comunes y acumulación de residuos. González añade que se trasladaron compromisos por parte de la entidad gestora para mejorar la coordinación con el vecindario y reforzar el control interno, incluyendo la presencia de personal adicional en horario nocturno y una mayor atención telefónica a incidencias. Sin embargo, la asociación muestra cautela sobre su implementación efectiva: “Dicen que van a hacer todo lo posible, pero ahora mismo no sabemos cómo se va a materializar”.
El debate sobre la seguridad y sus límites
Uno de los puntos de fricción más repetidos en el conflicto es el papel de las distintas administraciones. La dirigente vecinal reconoce avances en la interlocución institucional, pero considera que existe una falta de concreción en las soluciones. En ese sentido, recuerda que en una próxima reunión con la concejalía de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Oviedo se esperan nuevas medidas. No obstante, también insiste en un matiz que considera clave: la seguridad en el exterior del recurso no depende directamente de la gestión del albergue. “Hay que pedir cada cosa en su sitio”, señala González, quien argumenta que el centro debe centrarse en su funcionamiento interno, mientras que el control del espacio público corresponde a otras administraciones.
Por su parte, Cáritas Diocesana de Oviedo sostiene que el trabajo en Cano Mata se desarrolla con normalidad y con criterios técnicos adecuados. Su posición, según lo trasladado en la reunión, es que el dispositivo cumple su función de atención a personas en situación de vulnerabilidad y que su margen de actuación no alcanza lo que ocurre fuera de sus instalaciones. La entidad insiste en que no puede restringir la movilidad de las personas usuarias ni intervenir en el espacio público, donde se concentran buena parte de las quejas vecinales.
El contexto en San Lázaro y Otero se ha ido intensificando en los últimos meses, con recogidas de firmas y comunicaciones formales al Ayuntamiento. La asociación vecinal ha llegado a registrar más de un millar de apoyos para reclamar actuaciones específicas en el entorno del albergue.