Los vecinos de San Lázaro y Otero elevan la presión con 1.100 firmas y denuncian que la inseguridad en el barrio sigue sin mejoras: “Estamos en el limbo entre administraciones”

La tensión en los barrios de San Lázaro y Otero vuelve a intensificarse en torno a la situación del albergue de Cano Mata. Los residentes han registrado este martes en el Ayuntamiento de Oviedo más de 1.100 firmas para exigir medidas ante lo que describen como un problema de inseguridad y convivencia que, aseguran, se mantiene sin cambios pese a las reiteradas reclamaciones. La iniciativa llega después de meses de denuncias públicas por parte de la asociación vecinal, que ya había alertado de altercados, presencia de personas durmiendo en la vía pública, suciedad y situaciones que generan preocupación entre los residentes. Este medio ya se había hecho eco de estas quejas el pasado mes de marzo.
La principal preocupación vuelve a situarse en el entorno de Cano Mata, un recurso social cuya gestión es objeto de críticas por parte de los vecinos, que insisten en que no cuestionan su existencia, sino el funcionamiento actual y sus efectos en el barrio. “Estamos en el limbo”, resume Araceli González, presidenta de la Asociación de Vecinos de San Lázaro-Otero, que denuncia falta de coordinación entre administraciones. Según explica, ni el Ayuntamiento, ni el Principado se prestan a ofrecer una solución concretas. «Si no se arregla este verano, en septiembre la cosa se va a calentar mucho más”, advierte González, que traslada el malestar creciente entre los vecinos ante lo que consideran una falta de respuesta efectiva. La dirigente vecinal sostiene que han mantenido contactos con responsables municipales y autonómicos, pero sin avances visibles: “Nos dicen que están haciendo todo lo posible, pero la realidad es que seguimos igual”.
Denuncias de convivencia y sensación de inseguridad

Las quejas vecinales vuelven a repetirse en torno a situaciones cotidianas que, según relataban ya haces meses en este diario los vecinos, afectan a la vida diaria del barrio: presencia de personas durmiendo en portales y garajes, consumo de alcohol y drogas en la vía pública, acumulación de residuos y ruidos nocturnos. Otra de las vecinas de la zona, que prefiere mantener el anonimato, asegura que recientemente volvió a trasladar su preocupación al Ayuntamiento: “Me dicen que tienen un plan de actuación, incrementar la seguridad y la limpieza, pero por el momento sigue igual la cosa. Es una sensación de inseguridad por completo”. La misma residente considera que el problema se ha cronificado en el barrio. “Nuestra zona ya tiene el psicosocial, no podemos lidiar con más conflictos diarios. No entendemos por qué otras zonas como Montecerrao o La Florida no tienen esta problemática y aquí sí”, apunta.
La presidenta vecinal insiste en que el origen del conflicto no es la existencia del albergue, sino su gestión actual. Según relata, en el pasado la convivencia era distinta: “Antes se convivía, el albergue tenía relación con el barrio y nunca hubo problemas como los de ahora”. Sin embargo, considera que el modelo actual necesita cambios: “No se trata de cerrarlo, pero sí de que funcione como antes. Si no funciona, habrá que cambiar la forma de gestionarlo”.
En relación con las últimas informaciones y con comentarios en redes sociales que ponían en duda la situación denunciada por los vecinos, una residente que prefiere no ser identificada ha vuelto a defender la veracidad de las quejas. Según explica, algunos mensajes en redes cuestionaban la situación publicada en distintos medios. La vecina asegura además disponer de imágenes tomadas en la zona. “El otro día, de camino al colegio sin que me vieran, hice una foto en la que se ve cómo guardan los colchones en la cocina”. En su opinión, estas condiciones deberían ser objeto de revisión.
Cáritas defiende su labor y apela a las competencias de seguridad
Las críticas vecinales han recibido este miércoles respuesta por parte de Cáritas Diocesana de Oviedo, entidad encargada de la gestión del albergue de Cano Mata. Su secretario general, Ramón Méndez-Navia, aseguró que el trabajo que se desarrolla en el recurso se realiza «como siempre» y defendió la labor que llevan a cabo los profesionales del centro: «Trabajamos con rigor, calor a las personas y calidad técnica. Eso es lo que hay de puertas adentro». El responsable explicó además que Cáritas trata de intervenir también a través de acciones de «educación de calle», aunque incidió en que la entidad no puede actuar sobre lo que sucede fuera del recurso: «No podemos incidir en el derecho de las personas a moverse libremente».
Es muy fácil señalar con el dedo a las personas sin hogar, a los trabajadores del albergue o incluso a los vecinos que están cansados de la situación. Lo difícil es reconocer la realidad: ni la pobreza, ni las adicciones, ni los problemas de salud mental, ni la exclusión social nacieron en este barrio, y tampoco se resolverán en la puerta del albergue.
Quienes trabajamos aquí no diseñamos las políticas públicas, no decidimos los presupuestos ni disponemos de los recursos necesarios para solucionar por nuestra cuenta problemas que llevan años acumulándose. Los vecinos tampoco tienen por qué soportar solos las consecuencias de esta situación. Y las personas a las que acompañamos cada día son, en muchos casos, las primeras víctimas de esta realidad, no necesariamente su causa.
Si existe un deterioro de la convivencia o problemas de seguridad, la pregunta no debería ser: «¿A quién culpamos?», sino: «¿Dónde han estado las administraciones y los responsables públicos mientras estos problemas crecían año tras año?».
No es justo que los trabajadores se conviertan en el escudo que recibe todas las críticas, ni que los vecinos sean acusados de falta de empatía por expresar su preocupación, ni que las personas sin hogar sean reducidas a un estereotipo que las señala como responsables de todo.
La dignidad para los vecinos, el respeto para los trabajadores y los derechos para las personas sin hogar. La responsabilidad, sin embargo, debe recaer en quienes tienen la capacidad, los recursos y la obligación de impulsar cambios reales.
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