
El vial a través del recinto es, a nuestro juicio, la peor de las opciones posibles. Fragmenta irreversiblemente el conjunto histórico y consolida un modelo de movilidad obsoleto, basado en la idea de que las vías de alta capacidad deben seguir penetrando hasta el corazón de las ciudades

El concurso de ideas anunciado para el futuro de la Fábrica de Armas de La Vega solo tendrá sentido si es, de verdad, un concurso de ideas. Y eso exige algo básico: que no parta de decisiones ya tomadas que condicionen el resultado y vacíen de contenido el propio proceso. Si impiden que se puedan plantear otras propuestas a las que el Convenio establece no será en verdad un concurso de ideas, será un concurso de imágenes bonitas sobre una idea preconcebida.
Desde Ecoloxistes n’Aición d’Asturies consideramos imprescindible que dicho concurso no contemple como únicas opciones el vial a través del recinto, ni la construcción de 1.000 viviendas o que se impida una protección integral del patrimonio ahí existente. Nuestra organización formó parte activa de las movilizaciones ciudadanas en defensa de la conservación de La Vega y ha recurrido el acuerdo firmado entre el Ministerio de Defensa, el Principado de Asturias y el Ayuntamiento de Oviedo precisamente porque ese convenio hipotecaba el futuro del conjunto y no defiende el interés general de los ovetenses (principalmente el Convenio defiende el interés económico del Ministerio y agentes privados que es una cosa muy diferente).
Conviene recordar que existen alternativas reales para resolver los problemas de tráfico en Santuyano sin destruir la unidad de La Vega. Entre ellas, acercar el vial al perímetro de la fábrica, tal y como se contemplaba en el primer proyecto del Bulevar de Santuyano, o incluso eliminar el tráfico rodado entre la rotonda de Ángel Cañedo y La Faba, desviándolo por otras entradas existentes. A esto se suman medidas más coherentes con los retos actuales, como la creación de aparcamientos disuasorios y una red eficaz de transporte público hacia el centro.
El vial a través del recinto es, a nuestro juicio, la peor de las opciones posibles. Fragmenta irreversiblemente el conjunto histórico y consolida un modelo de movilidad obsoleto, basado en la idea de que las vías de alta capacidad deben seguir penetrando hasta el corazón de las ciudades. Justo lo contrario de lo que hoy recomiendan todas las políticas urbanas avanzadas en Europa.
Del mismo modo, la conservación integral de La Vega resulta incompatible con la construcción de 1.000 viviendas en su interior. Por ello, instamos a quienes redacten las bases del concurso a permitir la posibilidad de eliminar, o incluso trasladar fuera del ámbito, esa edificabilidad. Preservar el patrimonio no es un eslogan: implica asumir límites.
Nos preocupa especialmente el abandono deliberado que se esta haciendo de la fábrica. Recordemos que, y esto es especialmente relevante, el Convenio deja bien claro que el mantenimiento o las necesidades de los futuros usos pueden justificar el derribo de las edificaciones. Todos somos plenamente conscientes de la situación de abandono que se esta haciendo en La Vega. Algo evidente viendo la situación de los chalets, a la vista de todo el mundo, y que siguen sin desbrozarse ni mantenerse. Sería intolerable esta posible búsqueda intencionada de una degradación para justificar la demolición de un conjunto con el valor histórico, social y simbólico del que estamos hablando.
La Vega debe abrirse al tránsito peatonal y convertirse en un lugar vivido, no en un recinto cerrado a la espera de decisiones opacas. Es igualmente fundamental activar mecanismos reales de participación ciudadana que permitan a la sociedad opinar y decidir sobre el futuro de un patrimonio industrial que muchas ciudades europeas querrían para sí. Si las cosas se hacen bien, La Vega puede convertirse en un nuevo símbolo para Asturias y para Oviedo/Uviéu. Por ahora, casi todo se ha hecho mal. Solo la ciudadanía, a través de su organización y movilización, ha estado verdaderamente a la altura del reto.