POR BORJA PINO Y PAULA G. LASTRA
La primera de las grandes jornadas de las fiestas desafía a la lluvia que dominó la jornada de ayer y regala momentos para el recuerdo en distintos espacios de la capital asturiana; por delante aún se extienden diez noches más de diversión
¿San Mateo todo lo puede? Sí… Tal vez… ¿Quién sabe? Lo que está claro es que, si hay algo incapaz de arruinar la fiesta por antonomasia de la capital asturiana, eso es la lluvia. Efectivamente, la primera gran jornada de San Mateo no defraudó a las miles de personas que concurrieron a las celebraciones. La gotas que dominaron buena parte de la jornada de ayer dejaron espacio a la fiesta y, está vez sí, Oviedo volvió a vibrar en sus plazas. El paseo del Bombé resurgió de nuevo como el gran espacio de las familias; allí, carritos de bebe y decenas de niños ocuparon de nuevo las cientos de sillas disponibles y, como cada año desde que ese abrió este nuevo rincón matutino, hubo que negociar lugares entre grupos.
Más polémicos, con la pugna que desde el cambio del modelo festivo protagoniza las empedradas calles del centro ovetense, fueron los chiringuitos situados en la plaza de Porlier y en el entorno de la catedral, que, no obstante, pusieron a bailar -no con el mismo entusiasmo de antaño, de justicia es decirlo- a ‘carbayones’ y visitantes por igual. Y es que, en el primerio de esos dos espacios, varías casetas hosteleras, al igual que las de las fiestas populares, despacharon a propios y extraños, que convivieron también con el self service de bolsas repletas de hielo, vasos y bebidas. Todo ello, sin olvidar un muy apreciado detalle reivindicativo: la presencia de numerosos carteles que, decorados con la leyenda ‘Se busca’, denunciaron el genocidio perpetrado en Gaza por el Estado de Israel que preside Benjamín Netanyahu.
Menos abarrotada estuvo la extensión frente a la catedral, verdadero templo para los remembers. Con una media de edad que rebasó la treintena, los ya no tan chavales se pusieron las botas con los temas ‘pinchados’, bailando al son de un repertorio formado por canciones de hoy… Y, especialmente, de ayer. A la vista de lo anterior, resulta evidente que, con o sin nostalgia de por medio, el denominador común fue la música. Eso sí, se bailo, no cabe duda, pero a un volumen limitado, bien por respeto a los vecinos de la zona que precisasen descansar para encarar el día siguiente… Bien porque, seamos francos, llega un momento en que los cuerpos ya no dan para más.
Claro, que no sólo de chiringuitos vive el ser humano en las jornadas de San Mateo… Las barras hosteleras instaladas en las calles también trabajaron a destajo, al igual las arterias del Antiguo, donde se hizo lo propio para atender a aquellos valientes que optaron por continuar allí la noche. Y todo ello, sin olvidar que a la gran fiesta de Oviedo todavía le quedan por delante la friolera de otras diez noches para celebrar… Y para clamar a los cuatro vientos aquello de «¡Que viva San Mateo!«.








