Decenas de miles de personas abarrotan las calles de la ciudad desde la noche del sábado para celebrar el regreso a la élite 24 años después.
Fueron 24 años de espera y 24 horas de fiesta por todo lo alto. Cuando el árbitro pitó el final del partido en el Carlos Tartiere el pasado sábado, se desató la locura; en el terreno de juego con invasión de aficionados, en los bares con gritos de alegría, abrazos, petardos y cánticos, y poco a poco en las calles, donde a la marea azul que bajaba del campo se sumó la que subía de otras zonas de la ciudad para confluir en la Plaza de América y remojar la emoción tanto tiempo contenida en la Gabinona.
Gente de todas las edades, desde niños y chavales que nunca habían vivido algo así, hasta sus padres e incluso abuelos que han tenido que esperar tanto años para revivir el sueño de ser de Primera. Oviedo se vino arriba, pasando del Volveremos al Volvímos, como rezaba la pancarta colocada en el Ayuntamiento ayer domingo para recibir a los campeones.
La tarde del sábado prometía,. Había buenas sensaciones en la Plaza Miñor y alrededores donde miles y miles de personas esperaban el paso del autobús que lleva al campo a los jugadores. Ha habido muchos recibimientos, pero poco como éste, porque el ascenso estaba a tiro de piedra –de empate, si se quiere- y la afición lo sabía. El cielo se tiño de azul al paso del bus y ahí comenzó el ascenso.
Tras la invasión del campo, con la afición y los jugadores unidos, con el presidente, Marín Peláez, que no disimulaba su emoción, con un entrenador, Paunovic, pausado pero feliz, la noche se hizo larga. Santi Cazorla se arrancó micro en mano a cantar el ¡Volveremos! De Melendi y animó a “la mejor afición del mundo” a ir a la Plaza de América.
Desde los coches pitando y con banderas azules al viento, hasta los bares abarrotados que no baban abasto para atender a los cientos, miles de aficionados que se fueron sumando al festejo. “Papá mira como floto”, decía una adolescente desde la fuente de Plaza de América, “está fría, pero me da igual. ¡Subiiiiiimos!” gritaba, mientas el jolgorio inundaba literalmente los alrededores de la fuente.
Fue una noche larga, hasta que llegó al amanecer y algo de calma a la espera de la Rua del autobús con los jugadores por el centro de Oviedo para saludar a la afición, subir al Ayuntamiento y terminar en el escenario de Uría. Impresionante. No hay datos oficiales, pero es posible que ni el San Mateo más concurrido de la historia congregara a tanta gente como hizo el Real Oviedo este domingo.
Miles y miles de personas agolpadas por las aceras durante todo el recorrido y abarrotando la Plaza del Ayuntamiento desde dos horas antes de la llegada de los jugadores, con un bochono insoportable, pero animados por las canciones de moda, los gritos de euforia por el ascenso y los temas propios del Oviedo, como la versión de «Tu jardín con enanitos» con temática del Real Oviedo del navarro Javi Robles, coreada como si fuera una sola voz por los aficionados.
De Cazorla al alcalde que no pudo hablar
Los concejales de los diferentes partidos, esta vez unidos por el color azul del equipo, pululaban por los balcones, saludaban, hacían fotos. En los pisos próximos ondeaban banderas oviedistas y Guti y su Real Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo trataban de dejarse oír entre el bullicio. Complicado.
Llegó la plantilla en un autobús con el cuerpo técnico, seguido de otro con más empleados y familiares y el éxtasis se alcanzó cuando Santi Cazorla saló al balcón principal y el resto de jugadores se repartían por los contiguos. El pequeño gran capitán entono por enésima vez el ¡Volveremos! Hizo de maestro de ceremonias junto al alcalde, Alfredo Canteli, que ante los abucheos de los concentrados no pudo hablar ni siquiera cuando Cazorla trató de que lo hiciera. En medio del griterío un Canteli opacado por la afición propuso sin que se le oyera que la Plaza de América lleva también el nombre de Santi Cazorla. Fue todo. El alcalde optó por retirarse y el bullicio continuó con gritos para Colombatto, aplausos y vítores para Martín Pélaez y petición de “quédate para Paunovic”. Cazorla lo dijo. «Oviedistas, hemos sufrido mucho, llevábamos mucho tiempo sufriendo, pero hoy es un día para disfrutar y eso nadie nos lo va a quitar. ¡Hala Oviedo!».
Nadie se movió hasta que estallaron los fuegos artificiales y las bengalas y el confeti cubrió el cielo sobre la Plaza del Ayuntamiento. Pero había más, Vaya si lo había. En el Paseo de los Alamos, Uría y Plaza de la Escandalera decenas de miles de personas de todas las edades esperaban de nuevo la llegada de los héroes el ascenso. Era una auténtica marea azul y blanca totalmente entregada a su equipo. Una afición, sin duda, de Primera.
Los jugadores fueron subiendo al escenario y Cazorla, con voz de Sabina, como el mismo dijo y resultaba evidente, señaló: “para vosotros no es un ascenso porque sois de primera desde hace mucho tiempo. Nos sentíamos en deuda porque el cariño que nos habéis dado no se puede devolver, lo único que os podemos dar es que el año que viene estéis en Primera y podáis ver a Lamin Yamal, a Nbapppe, a gente así en el Tartiere. Ahora lo importante es mantenerse y seguir creciendo porque está ciudad se merece lo más grande”.
Paunovic, lo admitió “es un momento que vamos a recordar para siempre. Estos tres meses que llevó a aquí está a sido mi familia y lo hemos logrado gracias a esos valores familiares que compartimos” y se mostró “eternamente agradecido por haber podido pasar de las lágrimas de tristeza a las de alegría”.
Marín Pelaez dijo sentirse “un asturiano más, Seguramente mi abuelo y mi padre que están en el cielo estarían muy orgullosos de haberle dado está alegría a esta gente” y dedicó el ascenso a la afición “que nunca nos han dejado tirados, en las buenas, en las malas, en las regulares, en todas las canchas y ustedes lo merecen más que nadie”.
Sibo, que como prometió se pinto el pelo de azul, gritó su ya mítica frase: «Esta es mi puta casa y ahora también mi sangre es azul». Todos los jugadores pasaron por el micro. Todos agradecieron y todos se emocionaron viendo ante sí una infinita marea de camisetas, bufandas y banderas.
Y saltó al escenario Javi Robles para entonar el nuevo himno de la afición ante un mar de bufandas blanquiazules que se perdía desde la Escandalera hast la Renfe. “O, dale o, dale o… Real Oviedo.Vamos Real Oviedo, pongan ganas, pongan huevos; venimos desde el barro y vamos a tocar el cielo…” Y para el delirio cuando cantó aquello de “yo solo sé que juntos lo vamos a conseguir; yo solo sé que en primera estamos otras vez”.
No pudo faltar el “ooo Santi Cazorla” gritado de todas las formas y manera, una haka y el Asturias Patria Querida de despedida, De despedida de Segunda y saludo a la Primera. Porque, por fin, el Oviedo está de vuelta.









