Una de cada cuatro viviendas no tiene un uso residencial habitual. Son inmuebles vacíos, segundas residencias o viviendas con una ocupación mínima

Encontrar vivienda en Oviedo es cada vez más complicado. No solo por el precio, sino por la combinación de varios factores que están tensionando el mercado: menos oferta de alquiler, un parque público muy limitado, viviendas vacías o infrautilizadas y un encarecimiento sostenido que ya sitúa a la capital asturiana en máximos históricos. Ese es el diagnóstico que recoge el Informe sobre la evolución de la vivienda en Oviedo, elaborado por Pragma Sociología Aplicada, un estudio que radiografía con detalle la situación residencial del concejo y alerta de una brecha creciente entre la oferta disponible y las necesidades reales de la población.
La ciudad cuenta con 127.212 viviendas, de las que algo más de 95.500 son principales. Esto significa que prácticamente una de cada cuatro no tiene un uso residencial habitual. Son inmuebles vacíos, segundas residencias o viviendas con una ocupación mínima. El fenómeno se concentra especialmente en zonas como el Casco Antiguo, Foncalada y algunos núcleos rurales. Aunque Oviedo mantiene una fuerte cultura de propiedad -más del 72% de las viviendas están en manos de sus propietarios- el alquiler ha ido ganando terreno y ya representa más del 17% del parque residencial, una cifra superior a la media asturiana. Pero tener más alquiler no implica más facilidad para acceder a él.
El alquiler medio en la ciudad alcanzó este año los 11,1 euros por metro cuadrado, un 50% más que hace quince años. El estudio señala que los precios están en máximos históricos y que el encarecimiento se ha acelerado especialmente desde 2021. En barrios como La Corredoria, Ciudad Naranco o Vallobín, las subidas han sido incluso más intensas que en el centro. El dato rompe con la imagen tradicional de que vivir en la periferia es más barato. Hoy la presión del mercado se reparte prácticamente por toda la ciudad. Pero la subida de precios coincide con otro fenómeno: la desaparición de oferta.
En 2025 Oviedo perdió un 21% de sus viviendas disponibles para alquiler
Solo en 2025, Oviedo perdió un 21% de sus viviendas disponibles para alquiler, uno de los mayores descensos registrados entre las capitales españolas. El informe apunta a que parte de ese parque ha cambiado de uso: alquileres de corta estancia, habitaciones o fórmulas temporales que reducen el stock estable para familias. Además, actualmente, el número de habitaciones ofertadas para alquilar prácticamente iguala al de pisos completos de larga estancia. Más de 300 habitaciones están en el mercado, la mayoría por encima de los 300 euros al mes, lo que refleja cómo compartir vivienda deja de ser una opción puntual para convertirse en necesidad. Así, el informe considera que este modelo está creciendo no solo entre estudiantes, sino también entre trabajadores desplazados, personas con bajos ingresos o población vulnerable que no puede asumir un alquiler completo.
Oviedo dispone de poco más de 1.500 viviendas con alquiler limitado gestionadas por Vipasa, lo que apenas supone un 2% del parque principal. La cifra está por debajo de la media regional y nacional y muy lejos de los estándares europeos. Pero el dato más llamativo está en la vivienda pública municipal: la ciudad apenas cuenta con una veintena de pisos propios destinados a alquiler social, muy por debajo de otras ciudades españolas de tamaño similar. Eso limita enormemente la capacidad de respuesta ante desahucios, emergencias habitacionales o familias con dificultades para acceder al mercado privado.
La media de antigüedad de las viviendas ovetenses supera los 38 años, pero en barrios históricos y en núcleos como Trubia se acerca o supera los 50 y hasta los 70 años. Muchas de las viviendas vacías pertenecen precisamente a este segmento: inmuebles antiguos, con problemas de conservación, humedades o falta de aislamiento que dificultan su incorporación al mercado. El resultado es una tormenta perfecta: precios altos, menos oferta, poca vivienda pública y un parque envejecido. Y quienes más lo notan son los jóvenes que retrasan su emancipación, las familias con rentas bajas, los trabajadores temporales y quienes llegan nuevos a la ciudad buscando una oportunidad. La conclusión del estudio es contundente: Oviedo no sufre una falta de viviendas, sino un problema de acceso. Hay casas, pero no siempre están donde se necesitan, ni al precio que se pueden pagar.