Alejandra Mier, gestora del albergue municipal, reivindica la responsabilidad de los ovetenses y alerta ante la Navidad: “No tenemos problema en que adoptes en Navidad… pero no para regalar”
En el Albergue de Animales de Oviedo reina una calma que sorprende a cualquiera que esté acostumbrado a ver centros saturados. Esta semana, apenas 21 perros convivían en las instalaciones, y solo eran tantos porque el equipo acababa de intervenir en un caso en Perlavia que sumó seis nuevos ingresos. “Si no, habría quince”, comenta la gijonesa Alejandra Mier, responsable de la gestión desde 2022. Conoce bien el porqué: en Oviedo “entra poco abandono” y hay “mucho movimiento de adopciones”, y cuando entran menos animales de los que salen, “el resultado es este”.
Ese equilibrio convierte a la capital en una referencia nacional. Y es que la gestora asegura que, si existiera un ranking que midiera población y abandono, Oviedo estaría “entre los mejores de España”, y lo atribuye a una mezcla de buena gestión municipal y ciudadanos responsables. Tanto es así que buena parte de los animales ni siquiera llegan a estar disponibles, “muchos ya tienen familias interesadas antes de entrar, y a veces cuando llegamos con el perro la familia está esperando en la puerta”.
Esa rapidez hace que los que permanecen más tiempo sean los complicados: perros mayores, los ‘PPP’ y aquellos con problemas de conducta, como Cándido, Fran o Lino, tres de los perros que más años llevan en el centro y que requieren “manejo especial, experiencia y fuerza física”, perfiles que no encajan en cualquier familia. Por eso Alejandra insiste en que el albergue no necesita tanto paseadores sino voluntarios especializados, como educadores caninos o etólogos felinos, capaces de trabajar con animales que necesitan, por así decir «un profe de apoyo”.
“No tenemos problema en que adoptes en Navidad, pero no para regalar”
Ante la llegada de diciembre, el albergue lanza uno de los mensajes más importante del año: las adopciones en Navidad son bienvenidas… siempre que no sean un regalo sorpresa: “No tenemos ningún problema en que tú vengas a adoptar un perro en Navidad. A ti. Pero no para regalar a alguien que no sabe que va a tener perro”. Y es que quienes trabajan aquí saben bien que ese tipo de regalos no sorprenden al niño, sino a la familia, que de repente se enfrenta a una responsabilidad que no pidió.
Un error que se repite durante el año en cumpleaños, comuniones o cuando alguien cree que un cachorro “va a alegrar la casa”. La realidad, explica, es que un perro te ata, «hay gente que lo adopta estando en paro porque cree que va a poder dedicarle tiempo, pero cuando vuelve a trabajar descubren que no pueden hacerse cargo». Por eso hay una frase que se repite en el paseo por el centro una y otra vez en boca de su coordinadora, «para tener un animal hay que querer y poder. Las dos cosas”. No todas las vidas permiten tener un perro, y “no pasa nada” si no encaja: simplemente hay que ser sincero antes de adoptar.
El centro sorprende por lo luminoso y moderno de sus espacios, sobre todo en la zona «gatuna», que buscan reproducir un entorno doméstico. Todo ello, recuerda, es posible gracias al Ayuntamiento de Oviedo, y en particular el concejal Nacho Cuesta, de quien dice «está super implicado». Cuenta que cuando propusieron mejoras, “no acabamos la frase y ya había un arquitecto aquí”. Esa implicación se refleja también en el programa de colonias felinas, que cuenta con 700 esterilizaciones al año, una cifra que solo se sostiene, recuerda, si el consistorio “presupuesta lo que dice que quiere hacer”. Es consciente de que poder trabajar en estas condiciones es casi un lujo si mira a otros concejos. Incluso la Policía Local merece un elogio excepcional: “Se implican muchísimo, nada que ver con lo que veo en otros sitios”.
La zona de cuarentenas está llena de jaulas individuales donde los gatos recién llegados pasan pruebas, desparasitación, vacunación y test de enfermedades. Ahora mismo todas están vacías. Otro logro, para un centro donde un número bajo de animales siempre es una victoria, pues supone una baja tasa de abandono y una alta de adopciones. Por su parte, las colonias felinas de Oviedo están totalmente registradas, con mapeo, cuidadores asignados y seguimiento municipal. Por eso Mier pide que nadie actúe por libre: “Si encontramos un gato lo mejor es observar y avisar. Igual esa colonia tiene cuidadora y tú le fastidias el trabajo dejando comida”, sobre todo cuando están intentando capturar a un gato enfermo.
Adopciones que viajan lejos y perros que encuentran familia antes de entrar
El movimiento adoptivo es tan fuerte que hay historias que trascienden la ciudad. Así llegan las anécdotas, como la de una voluntaria europea que se llevó para adoptar un perro al extranjero; o una familia que, desde el País Vasco, llegarán a Oviedo esta semana para llevarse a un nuevo miembro de la familia. Otras muchas adopciones se cierran “puerta a puerta”, sin que el perro llegue a entrar en el albergue, algo que los trabajadores consideran ideal porque “evita estrés, ladridos y olores: aquí están bien cuidados, pero no es un hogar. Siempre decimos, en Villabona las personas están bien cuidadas. Pero sigue siendo una cárcel, no querrías estar». Y es que en este espacio convive ahora mismo hasta un conejo, recién llegado y disponible para adopción, cuenta otro de los trabajadores del centro.
Pero la vida para estos rescatados peludos no siempre fue así. Basta por preguntar a la gijonesa por sus inicios en el mundo animal, y recordar entonces cómo era el albergue de Serín en 2005, y cómo eran muchos centros hace aún más décadas. “Hasta cadáveres por el suelo podías encontrar», algo que dista mucho de la situación feliz que viven hoy en día en la Bolgachina. La comparación con el presente es (afortunadamente) abismal: instalaciones modernas, recursos públicos, formación especializada y una sociedad mucho más consciente.
De nueve a cinco, todos los días del año, dos cuidadores atienden a perros y gatos, gestionan avisos de la Policía Local y organizan turnos de patios. Una veterinaria acude de lunes a sábado, y cualquier urgencia se deriva de inmediato, incluso en domingo. Con perros difíciles, el trabajo es progresivo: hay casos que no se pueden mezclar al principio, pero acaban compartiendo patio tras semanas de manejo. En el caso de Mier coordina tres centros, el de Oviedo, el de Gijón (en Serín) y el refugio de la Fundación en Siero, algo que compagina con naturalidad. Empezó en 2005 “por chula” (como ella misma cuenta), tras años en el mundo de los caballos escribiendo crónicas hípicas. Hoy no concibe otra vida: “No me imagino mi vida sin perros”.
El modelo de Oviedo funciona porque hay coordinación pública, gestión profesional y, sobre todo, ciudadanos responsables. Para esta gijonesa, es la combinación que permite que haya más adopciones que entradas, que apenas queden perros y que las instalaciones se mantengan en calma. El mensaje final es simple, pero sigue sin acabar de calar: adoptar no es un acto impulsivo ni una sorpresa festiva; es un compromiso de muchos años.












