Miles de personas llenaron las calles en una cita cultural “invencible”, con más de 40 actividades y una apasionante ruta arquitectónica guiada por David Alonso

Ni la lluvia consiguió frenar las ganas de disfrutar de la cultura en la XIII edición de la Noche Blanca de Oviedo, celebrada este sábado. A pesar de las inclemencias meteorológicas, miles de personas llenaron las calles y los espacios culturales de la ciudad, que se convirtió una vez más en un gran escenario abierto al arte, la música, la arquitectura y las performances. El alcalde, Alfredo Canteli, acompañado del concejal de Cultura, David Álvarez, y del director artístico del evento, José Castellano, inauguró oficialmente esta cita en el remodelado Palacio de los Deportes, que acogió una de las propuestas más espectaculares de la noche: “Pleonexie”, una instalación performativa y audiovisual de gran formato creada por el artista francés Maxime Houot y producida por Collectif Coin.
Canteli destacó que esta edición era “muy especial” por su vinculación con la candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura 2031, y puso en valor el esfuerzo extra realizado para ofrecer una programación “a la altura de Europa”. “Veo a Oviedo invencible, de verdad”, afirmó el regidor, satisfecho por la gran respuesta del público pese al mal tiempo.
«Lo que tenemos aquí, en Oviedo, es magnífico. No tenemos nada que envidiar a otras ciudades«
La programación reunió más de 40 actividades en toda la ciudad, con colas en lugares emblemáticos como Las Pelayas o el Filarmónica. Entre las propuestas con más éxito destacó la ruta arquitectónica guiada por el historiador y divulgador David Alonso, que reunió en sus dos pases a unas 500 personas. Durante hora y media, los participantes recorrieron algunos de los edificios más singulares del centro ovetense, como el del Termómetro o la Junta General del Principado, y descubrieron también rincones menos conocidos. Allí Alonso desveló historias, secretos y curiosidades de la arquitectura local, reivindicando su valor: “Lo que tenemos aquí, en Oviedo, es magnífico. No tenemos nada que envidiar a otras ciudades”.
La combinación de lluvia, paraguas y entusiasmo dio lugar a una estampa muy ovetense: cultura bajo el agua, pero con el mismo calor de siempre. Oviedo volvió a demostrar que la Noche Blanca es ya una tradición imprescindible.







