El Consistorio impulsa junto a FAPAS y la entidad científica DIRUS un programa pionero con foto trampeo en directo y participación municipal en el trabajo de campo
Oviedo se convierte en el primer municipio de España en disponer de un sistema de seguimiento científico de osos y lobos impulsado directamente desde la administración local. El Ayuntamiento ha presentado un proyecto desarrollado por FAPAS (Fondo para la Protección de los Animales Salvajes) y la entidad científica DIRUS que permitirá monitorizar en tiempo real la presencia de gran fauna en el concejo mediante cámaras de foto trampeo con transmisión instantánea de imágenes. El concejal delegado de la zona rural, Daniel Tarrio, acompañado por el director de FAPAS, Roberto Hartasánchez; la bióloga municipal Andrea Prendes; y el biólogo de FAPAS Lucas Alonso, explicó que el estudio está verificado en su desarrollo por el Ayuntamiento y que contará con participación directa municipal en el equipo de seguimiento.
Aunque el Consistorio no tiene competencias en el control de fauna salvaje, Tarrio recordó que el alcalde, Alfredo Canteli, mostró un “especial interés” en promover el proyecto ante la preocupación existente en la zona rural por la presencia de animales silvestres. El encaje administrativo se ha canalizado a través de la Concejalía de Medio Ambiente.
Una ciudad al pie de la Cordillera
Según Hartasánchez, Oviedo reúne una singularidad ecológica excepcional. Situada al pie de la Sierra del Aramo y conectada directamente con la Cordillera Cantábrica, la capital asturiana dispone de una biodiversidad inmediata poco común en grandes ciudades españolas. La presencia del oso pardo no es nueva en el concejo. FAPAS lleva más de veinte años detectando indicios, especialmente en el entorno del Valle del Trubia. Tras su práctica desaparición en los años setenta, la recuperación de la población en el occidente asturiano permitió su regreso progresivo a territorios como Oviedo, donde acude de forma regular en primavera y otoño para alimentarse.
En el caso del lobo ibérico, la situación es distinta: nunca desapareció del territorio. Con una antigüedad evolutiva estimada en medio millón de años en la península, el noroeste ha mantenido su presencia de forma continuada. “Llevamos medio millón de años con lobos en Oviedo; lo que no había hasta ahora eran cámaras que fotografiasen lo que ocurre por la noche”, señaló el director de FAPAS.
Metodología bifásica: campo y tecnología
El programa científico se estructura en dos grandes fases. La primera consiste en trabajo de gabinete y planificación sobre áreas compatibles con la presencia de las especies. Dado que FAPAS dispone de datos históricos acumulados durante años, el proyecto parte con una base de información consolidada. La segunda fase es trabajo de campo mediante transectos de muestreo: recorridos sistemáticos para localizar indicios de presencia como excrementos, rascaduras en troncos, marcas territoriales o restos de depredaciones. Además, en el caso del oso, se recogerán muestras biológicas -como pelos- para identificación genética individual.
El elemento diferencial es la instalación de cámaras de foto trampeo en los principales corredores de entrada al concejo por el entorno del Valle del Trubia. Estos dispositivos enviarán imágenes y vídeos de alta calidad en tiempo real a los investigadores -incluido el representante municipal- a través de un servidor internacional. Si un oso o un lobo se aproxima a una zona poblada, la notificación será inmediata. El proyecto pretende determinar cuántos ejemplares hay, si su presencia es estable u ocasional, cómo utilizan el territorio, cuál es su dieta y, en el caso del lobo, si se trata de individuos solitarios o de estructuras familiares.
Transparencia frente a la opacidad
Hartasánchez defendió el carácter abierto del programa, con vocación de trasladar la información científica directamente a la ciudadanía. Criticó que otros trabajos de seguimiento realizados en Asturias durante años no hayan sido divulgados públicamente, lo que —a su juicio— ha generado desinformación. El proyecto tendrá una duración mínima inicial de un año, aunque no se descarta su continuidad indefinida.
En el plano de la gestión, el director de FAPAS sostuvo que la relación entre presencia de lobos y daños al ganado no es lineal. “Está contrastado que en muchas áreas, cuantos más lobos hay, menos daños se producen”, afirmó, defendiendo un seguimiento poblacional riguroso frente a enfoques exclusivamente cinegéticos. En cuanto al jabalí, advirtió que el incremento de la presión de caza no está reduciendo su expansión, un fenómeno que- según señaló- tiene explicación científica.