“Antes ocupábamos medio mundo, ahora un trozo denigrado en el medio, cual mudanza desdichada”
Cartas de los lectores / Urbano Rubio Arconada
Felipe no tienes que pedir perdón asumiendo los presupuestos de la Leyenda Negra. Nuestros Reyes Católicos fueron los primeros y únicos en el mundo en implantar leyes para la protección de los indígenas en America, reconociéndolos jurídicamente como súbditos libres y no esclavos. España fue indiscutiblemente, y con enorme preponderancia, la primera potencia mundial durante más de dos siglos: en tan sólo treinta años, paso de ser un conjunto de reinos divididos a dominar medio mundo multi continental. Para que nos hagamos una idea cabal del asunto, Estados Unidos apenas lleva tres cuartos de siglo siendo primera potencia mundial, y nos puede parecer mucho. Pues España el triple. Desde 1492 hasta el 1714, es decir, entre la conquista de Granada y el descubrimiento de América, por un lado, y el final de la Guerra de Sucesión.
A partir del descubrimiento de América, se inicia la civilización mundial y el comienzo de la “era europea”: el mundo occidental de valores y el capitalismo de oportunidades. Desde 1714, España, siguió siendo una potencia de primer orden, entre las tres más importantes del planeta, hasta 1812 en que -con la “francesada”- comienza la decadencia española. Un poderío que no había tenido nadie antes, ni tendría nadie después. La Leyenda Negra Española es una infamia que ha tratado de desprestigiar el descubrimiento y evangelización de América, ha tratado históricamente de enlosar la verdad para enterrar el orgullo de los españoles con objetivos espurios. El argumento más frecuente por la pseudo historiografía propagandística y falsificadora anglosajona se esmeró en presentar a los reinos de Indias como colonias. “España no tuvo colonias, tuvo virreinatos” organizados en provincias unidas y en igualdad de derechos al resto de territorios españoles. Los conquistadores españoles erradicaron el genocidio caníbal, por ejemplo, de los Aztecas con cien mil indígenas al año. México paso del Neolítico al Renacentismo, pues no era de España era España.
Los anglosajones se dedicaron a crear una leyenda inventada en la que gracias a sus estructuras hicieron posible el ascenso de los Estados Unidos a la condición de primer potencial mundial, por el contrario, dicen, los españoles se dedicaron a explotar a los pobladores y devastaron sus territorios, dejando pobreza, incultura y desolación. El argumento no se sostiene en si mismo. Cuando en 1776 termina la colonización anglosajona, existen nueve universidades, en las que no puede entrar un solo indio por cuestiones puramente racistas. Mientras, tan sólo en el siglo XVI se levantaron 210 instituciones hospitalarias en Nueva España. Recordar que las primeras leyes antirracistas en los Estados Unidos datan de 1964. Por el contrario, en la parte española del territorio americano, el primer colegio destinado a los indígenas -el de Santa Cruz de Tlatelolco- data de 1533, fecha en la que se impartió la primera cátedra en la Universidad de Lima, y de seguido treinta universidades frecuentadas por los propios indios, aportaban ciencia, ordenamiento jurídico, y lo más importante, compartiendo y asimilando el elemento cultural indígena.
“Lima, Perú, que en los días coloniales tenía más hospitales que iglesias y, por término medio, había una cama por cada 101 por habitante, tres veces más que la media de la España actual (304 camas por habitante). Allá por 1837, mientras el primer ferrocarril español se construía en la Habana, los colonialistas europeos, principalmente, Bélgica, cercenaban las manos de los congoleños y albergaban zoológicos de humanos africanos. Más datos: entre los siglos XVI y XVII el mayor exponente de pujanza económica y desarrollo tecnológico eran los grandes astilleros, pues bien, mientras en España sólo había tres, en la América española teníamos ocho. Antes de la independencia, la economía de Nueva España duplicaba a la de Estados Unidos, la ciudad de México tenía más PIB que Berlín y Lima era mucho más rica que Londres. España es el país del mundo que más Patrimonio de la Humanidad ha creado: la creación de mil ciudades con cientos de edificaciones monumentales en sus territorios, en contraste con ningún Patrimonio de la Humanidad de otros imperios. Mientras España enviaba arquitectos, profesores, monjes y reconocía derechos ancestrales a las tierras de los indígenas, los británicos enviaban presidiarios que les pagaban ocho libras por cabeza de indio. Los colonos anglosajones se extendieron al más puro y sistemático estilo del exterminio para poder acomodar el territorio a las apetencias de sus nuevos pobladores.
Muchos historiadores lo han calificado de “genocidio indígena norteamericano”. Buena prueba de lo cual es que, a día de hoy, en los países en los que se produjo una colonización hispana se dé en torno a un 10% de poblaciones puras, y un 70% es población mestiza. En tanto que, en los Estados Unidos de Norteamérica, el porcentaje de indios puros alcanza el ridículo 0,8%, y el mestizaje sea, demográficamente hablando, insignificante. El burdo relato anglosajón en el que se han basado durante siglos es aquel en que unos barbudos españoles llegaron a Hispanoamérica con sus espadas a matar a los pobres indígenas que vivían felices como los jipis recogiendo mariposas, mientras los malvados indios violaban y mataban a las jóvenes rubias inglesas que paseaban en sus carretas por esas tierras. La realidad es que esos indios fueron exterminados por los americanos, habiendo convivido previamente con misioneros españoles, que les enseñaron la doctrina cristiana e incluso a cabalgar el caballo. Concretamente el famoso jefe indio apache llamado Jerónimo, nació ciudadano español, bautizado como católico y con el castellano como lengua materna, tuvo que enfrentarse contra gringos y mexicanos debido a la usurpación de las tierras que durante siglos les había pertenecido mientras fueron súbditos españoles: “soy un español indio americano”.
Intentar sustentar los hechos históricos ocurridos hace cinco siglos con la situación actual suena a “estrambótica excusa de nefasto gestor”, carente de todo espíritu de autocrítica y coherencia histórica. “España llevó a América lo mejor de Atenas, de Roma y de Jerusalén, los tres pilares de la civilización occidental”. La Hispanidad es algo sublime que nos hermana con más de 600 millones de personas de distintita raza, religión e ideología que usan el mismo lenguaje común. Algunos desaventurados del conocimiento lo desconocen. Mucha gente no sabe que España es el único país del mundo que ha descubierto tres continentes: no solo América, sino también la Antártida y Australia. Es increíble que España fuera dueña del Pacifico y de dos tercios del total del planeta Tierra durante 200 años. Algo insuperable de lo que debemos estar orgullosos. La sociedad española está muy dividida y – aunque pareciera una entelequia- nuestra historia de gestas debería ser lazo de integración, un sentimiento de unidad cultural “de voluntad de ser y hacer” entre españoles e hispanoamericanos unidos en la sustancia (la lengua y el tuétano católico).
Historia que ha sido demonizada por La Leyenda Negra utilizada por los rivales exteriores, aunque los mayores mendaces los hemos tenido dentro (“endofobia” nacional, aversión extrema hacía sí mismo), siendo el único país del mundo donde “la historia es imprevisible”. La Leyenda negra es una pura fantasía que daña de lleno su proyección exterior y su proyección interna, por eso recurren a ella todos los traidores a España censados, unos por odio y otros por subdesarrollo mental. “España es el único pueblo del mundo que se ha creído la historia que sus enemigos cuentan sobre él”. Es inimaginable pensar en un romano que se creyera su historia contada por un cartaginés o un francés creyendo el relato alemán. Esa historia negra sobre España la inventan la casa de Orange, Inglaterra y Francia lo que produjo una derrotada en la batalla cultural. España tiene que despertar y no creerse la historia que cuentan sus enemigos. La Hispanidad es el pasaporte al futuro de España y el futuro de las repúblicas americanas, pues de Europa somos unos cipayos de Hispanoamérica unos colegas. Más allá de cualquier injusticia aislada que se pudiera haber producido, la conquista de América fue la liberación de América. “Basta, basta de la mentir y denigrar a España, basta de destruir España”. Si la civilización hispana no se dedicase al separatismo regionalista por medio del resentimiento ignorante y el odio por manipulación interesada (la fragmentación/segmentación de la unidad atacando el corazón hispano: la lengua y los valores católicos), la iberoesfera del siglo XXI, sería el eje sobre el que se movería el mundo, como ya lo hizo hace siglos.