Miles de alumnos se incorporan este martes a las aulas en colegios e institutos del municipio con un profesorado que sigue a la espera de las mejoras que reclaman al Gobierno regional
Despunta el día en Oviedo con un cielo azul que va despejándose de nubes y aún deja ver una oronda luna por el oeste. Son las ocho de la mañana y el relente de la noche aún se nota en el ambiente. Es un día más, pero es especial porque este martes comienza el curso escolar. Día de nervios para los pequeños y en muchos casos, de alivio para los padres porque el verano se hace largo. En el barrio de San Lázaro y en el vecino de Otero los dueños de las cafeterías ultiman los preparativos y muchos comercios ya han abierto sus puertas. Por las calles comienzan a aparecer los críos más madrugadores con sus mochilas y más de uno con cara de sueño.
A la entrada principal del Instituto de Enseñanza Secundaria Leopoldo Alas Clarín llegan los primeros alumnos de 1º de la ESO, la mayoría en grupos de tres o cuatro amigos…apenas hay padres y madres porque ya se sabe que al “insti” hay que ir solos, no vayan a pensar que son unos críos.
Ahí están Manuel Álvarez, Lucas Ardura y Jorge Vázquez, dos de ellos con la camiseta del Madrid. Son primerizos, así que no ocultan que están “un poco” nerviosos. Han dormido poco y están a la expectativa de lo que les espera en esta nueva etapa de su vida escolar. “No sabemos si mola más que el cole; tendremos que entrar y verlo”, comenta uno de ellos, mientras entran al recinto y al poco vuelven a salir.
Son los primeros porque en los IES la entrada de los alumnos de la ESO es escalonada, a las 8,25 los de primero, a las 9,20 los de segundo…En esta primera hora, una profesora orienta a los despistados.
Cerca del Instituto tiene su cafetería Keyla Utrera. Mientras prepara la barra cuenta que su hija, que este año comienza la ESO, apenas ha dormido. Gracias a un grupo de Whatsapp creado por los padres y madres su hija ha quedado con cuatro amigas para ir juntas hacia lo desconocido. “Me gustó eso del grupo y también que entren primero porque así les resultará más fácil…a ver qué tal”, añade.
A la entrada del Clarín, María Rivero acompaña a su hija Mariana que asegura estar “nerviosísima”. Muy cerca un grupo de “veteranos” de 2º de la ESO deambula sin saber muy bien qué hacer hasta que llegue su turno de entrada. “Vamos a desayunar algo aquí al lado”, propone uno de ellos y desaparecen camino de Otero.
Las que si son veteranas de verdad son María Paniceres, Daniela González, Lucía Campo y Covadonga Fernández. Ya tienen 17 años y empiezan 2º de Bachillerato por lo que deberán enfrentarse al examen de la EBAU cuando termine un curso que les tiene algo preocupadas por el nivel de exigencia. Aseguran no tener ningunas ganas de volver a empezar, pero se les ve tranquilas y esperando superar el reto al que se enfrentan.
Cerca del Clarín, en pleno barrio de San Lázaro, junto a las piscinas del Parque de Invierno el colegio público Veneranda Manzano se despereza. A las 8,30 solo están en el centro algunos miembros del claustro de profesores y del personal, además de los alumnos que acuden al desayuno temprano.
Natalia Álvarez, secretaria del Colegio, está en su puesto a la espera de que llegue la tropa. Son algo más de 200 alumnos de Infantil de 3 a 6 años y de Primaria, de ellos unos 20 del primer curso de Infantil y otros cinco que se incorporan a Primaria. Tras el convulso fin de curso pasado, con varias semanas de protestas del colectivo de profesionales de la enseñanza, Natalia explica que “estamos a la espera de las mejoras prometidas” y enfatiza que “no es solo una cuestión de salarios o de dinero porque hay muchas otras demandas como las ratios, la necesidad de profesorado o la atención a la diversidad”.
Cuando son las 8,45 comienzan a llegar los alumnos, en este caso acompañados de padres o madres. Es el reencuentro de muchos niños tras el largo verano y también de los adultos. “Aquí, de vuelta”, saluda un padre. Y de vuelta está también la profesora más veterana del Veneranda, Inés Fernández Fuertes, que este año hace 16 en el centro, donde imparte clases de inglés.
Hablando de las demandas del profesorado, Inés pone el acento en la excesiva “carga burocrática” a la que están sometidos, teniendo que hacer, además de las actas de los alumnos, numerosos informes, sobre todo cuando se trata del alumnado con necesidades especiales, lo que interfiere en su labor principal que es la docencia. Recuerda que, por ejemplo, se pide más profesorado de apoyo en las aulas, “pero todas estas demandas me temo que van a tardar”, añade.
Y poco a poco van entrando los críos, con algún berrinche entre los más pequeñinos, y muchas caras alegres al encontrase con los compañeros. Un padre despide a su hija y al poco comenta que “es un alivio volver a la rutina”. Es otro primer día de curso en Oviedo.





