La plataforma vecinal “El Campillín no se toca” llama a movilizarse el 11 de abril en defensa del parque y cuestiona el modelo urbano del Ayuntamiento

El nuevo parking del Campillín firma estos días un nuevo capítulo administrativo mientras el debate sigue creciendo en la calle. Y es que mientras Ayuntamiento avanza en la tramitación del aparcamiento subterráneo, los vecinos de la zona han contestado, recordando que no están dispuestos a dar la batalla por cerrada. Por ello la plataforma vecinal “El Campillín no se toca”, la que aglutina el malestar de buena parte del barrio, ha convocado una manifestación para el próximo 11 de abril a las 12.30 horas, con salida desde la plaza del Ayuntamiento de Oviedo y final en el propio parque, donde se dará lectura a un manifiesto. El colectivo rechaza de esta manera el proyecto municipal de construir un aparcamiento subterráneo bajo este espacio verde del casco antiguo, al considerar que implicará la tala de arbolado consolidado, la pérdida de zona verde y un incremento del tráfico en el centro de la ciudad.
El anuncio se produce después de que la Junta de Gobierno Local activase el trámite para que empresas privadas presenten estudios de viabilidad durante dos meses, paso previo a la eventual licitación de la concesión. El planteamiento municipal fija un mínimo de 250 plazas -aunque los estudios preliminares contemplan hasta 380-, electrificación progresiva hasta el 100% y la reurbanización integral del entorno. De esta manera, el Consistorio enmarca la actuación dentro de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) y la define como un equipamiento disuasorio en el perímetro del casco histórico, con capacidad para integrar servicios de movilidad sostenible como carsharing o espacios de micrologística. Además del estacionamiento, la concesionaria asumiría la creación de una nueva plaza continua que conecte la parte baja del Campillín con Santo Domingo y el barrio del Antiguo.
Desde la plataforma vecinal se sostiene que el proyecto contradice los objetivos de reducción del tráfico y mejora de la calidad del aire, al atraer más vehículos al centro urbano. El colectivo defiende la implantación de aparcamientos disuasorios en la periferia, conectados mediante transporte público, en lugar de nuevas infraestructuras en el corazón de la ciudad. Asimismo, cuestiona que la actuación responda al interés general y apunta a que existen alternativas “menos agresivas con el entorno y más coherentes con un modelo de ciudad sostenible”. Así, la plataforma advierte de la posible desaparición de árboles de gran porte y de una transformación sustancial del parque, al que considera uno de los principales pulmones verdes del casco urbano y un espacio de convivencia vecinal. El movimiento ciudadano ya ha recogido más de 8.000 firmas en contra del proyecto en los últimos meses y durante marzo impulsará una nueva campaña informativa con mesas de recogida de apoyos y reparto de “trapos verdes” para visibilizar el rechazo desde balcones y ventanas del barrio.