Representantes sindicales se encierran en el Registro de la Consejería de Hacienda y convocan encierros en centros educativos de toda Asturias para exigir una negociación inmediata

La tensión entre el profesorado asturiano y el Gobierno del Principado continúa en aumento. Este martes, las organizaciones sindicales han iniciado un encierro indefinido en el Registro de la Consejería de Hacienda, en el edificio del EASMIN de Oviedo. Lo hacen tras la reunión mantenida este lunes con la vicepresidenta del Gobierno, Gimena Llamedo, y el consejero de Hacienda y portavoz del Ejecutivo, Guillermo Peláez, que terminó sin acuerdos y que ha sido calificada por los sindicatos como un «insulto» al profesorado.
El encierro ha sido anunciado de forma conjunta por los cinco sindicatos que conforman el comité de huelga, CCOO, SUATEA, UGT, ANPE y CSI, y forma parte de una nueva estrategia de presión que incluye la convocatoria de encierros simultáneos en centros educativos de distintas localidades asturianas a partir de esta misma noche.
Llamamiento a encierros en centros de toda Asturias
Así, se ha difundido un llamamiento al profesorado para participar en los encierros de forma coordinada en varios institutos del Principado. Los centros propuestos para centralizar estas acciones son:
- Oviedo: IES Pérez de Ayala
- Gijón: IES Fernández Vallín
- Avilés: IES La Magdalena
- Langreo: IES Santa Bárbara e IES Cuenca del Nalón
- Mieres: (centro aún por determinar)
- Llanes: IES Llanes
- Cangas del Narcea (Occidente): Escuela Hogar
El objetivo, han indicado, es aumentar la visibilidad de las reivindicaciones docentes y exigir al Gobierno asturiano que retome las negociaciones «de forma inmediata» y con “propuestas reales» sobre la mesa.
«No podemos esperar ni un día más»
Desde el encierro en el EASMIN, varios representantes sindicales han comparecido ante los medios para explicar su postura. Jesús Moreno, portavoz de SUATEA, ha denunciado la falta de avances tras la reunión de ayer. «Somos compañeros de los cinco sindicatos, con la intención de encerrarnos aquí hasta que el Gobierno nos escuche. Ayer fue una vergüenza porque no propusieron absolutamente nada. No tenemos ninguna intención de movernos hasta que eso se haga efectivo».
En la misma línea, desde CCOO se ha criticado con dureza la actitud del Ejecutivo. «Ayer tuvimos una reunión, una absoluta vergüenza, un insulto a cada una de las personas que llevan días de huelga. Por eso hemos venido a la Consejería de Hacienda a denunciarlo y a encerrarnos aquí, para exigir una negociación inmediata. Parece que están jugando con nosotros», han expresado desde la organización.
La acción de este martes se produce en un contexto de unidad sindical que no se veía en el ámbito educativo asturiano desde hace años. La convocatoria conjunta de la huelga, iniciada el 27 de mayo y ampliada a todos los niveles educativos no universitarios, y la coordinación de movilizaciones han reforzado el bloque sindical, que insiste en que la negociación debe realizarse «con el comité de huelga, que representa a los cinco sindicatos». «Con la presión queremos intentar que no se espere ni un día más», ha añadido Moreno. «La situación es excesivamente grave como para seguir haciendo sufrir y presionar al profesorado con un día más de huelga». A pesar de ello, los sindicatos han reiterado su llamamiento a mantener la huelga indefinida y a sumarse a los nuevos encierros.
Nueva cita el miércoles
Mientras tanto, la próxima reunión entre el comité de huelga y el Gobierno está prevista para este miércoles 4 de junio a las 16:00 horas en la sede del EASMU (calle Trece Rosas). Los sindicatos han convocado una concentración única a las puertas del edificio para acompañar las negociaciones y reforzar la presión sobre el Ejecutivo.


Lo que está ocurriendo estos días en algunos centros educativos de Asturias con docentes que prestan servicios mínimos es profundamente lamentable.
En el colegio de mis hijas, en Oviedo, algunos han decidido convertir el aula en un castigo, no en un refugio. Han ignorado a niños, les han prohibido hablar, moverse, levantarse a por un libro, dibujar… Como si ser niño fuese un delito. Como si el aula fuese un campo de castigo. No es extensible a todo el profesorado —afortunadamente—, pero ha ocurrido. Y ha ocurrido dos días seguidos, ayer y hoy.
Una huelga no puede ser la excusa para maltratar emocionalmente a menores.
Un aula no puede convertirse en una celda de castigo por el enfado de los adultos.
El deber de cuidar, proteger y educar no se suspende por un conflicto laboral.
Tengo hijos en Infantil, en Primaria y en Secundaria. Esto que denuncio ha ocurrido en Primaria.
Mis hijos no están en huelga. Ningún niño lo está. Las familias no lo estamos. Y, sin embargo, a nuestros hijos les han hecho sentir culpables solo por estar en clase. Los han tratado como un estorbo. Los han hecho invisibles.
Sé que no todo el profesorado ha actuado así. Pero ha pasado. Y si ha pasado, debe denunciarse.
Quienes acuden a trabajar —voluntariamente o porque tienen servicios mínimos— tienen la obligación profesional y ética de atender al alumnado con dignidad, humanidad y sentido común. No se puede utilizar el silencio y la indiferencia como forma de presión. No con criaturas de 6, 9 o 12 años. No con quien lleva una mochila cargada de confianza en los adultos.
Como madre, me duele profundamente pensar que, mientras peleamos por la educación pública, haya niños que estén sintiéndose solos, ignorados o maltratados por quienes deberían protegerlos.
El profesorado tiene hoy la oportunidad de pelear por unas condiciones laborales que, si se logran, mejorarán la calidad de la enseñanza: menos alumnos por aula, más apoyos para la atención a la diversidad, plantillas reforzadas, equipos directivos centrados en lo pedagógico… Todo eso importa. Y lo compartimos muchas familias.
Pero pierden la razón cuando, en medio de esa reivindicación, se deja a los niños en segundo plano. O peor: se les hace pagar el precio.
Pido a este medio que escuche a las familias, que dé voz a los niños. Porque esto no puede volver a pasar. Porque los derechos de unos no pueden pisotear la dignidad de otros.
Y mucho menos si esos otros miden metro y pico, y confían a ciegas en quien se sienta cada día al otro lado de la mesa.