Fundada oficialmente en 2022 y apadrinada por la tuna masculina, la agrupación reúne a siete tunas becadas y cinco novatas que reivindican la música, la convivencia y una forma distinta de vivir la universidad

Durante años, Oviedo solo tuvo una tuna visible, la masculina. Sin embargo, desde hace algo más de un lustro, otra agrupación recorre las calles carbayonas con capas, guitarras y panderetas: la tuna femenina de la Universidad de Oviedo. Un proyecto joven, pero ya consolidado, que nació para ocupar un vacío histórico y que hoy suma integrantes, actuaciones y viajes, alejándose de estereotipos y reivindicando su sitio dentro de una tradición centenaria. La última tuna femenina que existió en la ciudad desapareció en torno a 2007, vinculada a Magisterio. Hubo que esperar más de una década para que la idea volviera a tomar forma. El germen surgió en 2019, cuando una estudiante, tras conocer tunas femeninas de fuera, pensó que Oviedo también podía tener la suya. Con el respaldo de la tuna masculina, que ejerce como padrina, el proyecto fue creciendo hasta fundarse oficialmente en 2022, tras el periodo de novataje y aprendizaje. Desde entonces, como resume Aida Muñoz, una de sus integrantes, “llevamos desde entonces dando guerra por ahí”.
Hoy son siete las tunas becadas, a las que se suman cinco novatas. Además, cuentan con la participación habitual de compañeras de otras ciudades, como el ejemplo de Salamanca, que residen en Asturias y salen con ellas. Todas tienen entre 18 y 29 años y muchas, muchas ganas, de acabar con los estereotipos ligados a estos grupos. En su caso, la tuna femenina funciona como una asociación iniciática. No hace falta saber música ni tener instrumento propio para entrar. “Empiezas como novata, aprendes un poco y cuando ya estás lista para enseñar a las siguientes que vengan, entonces ya se te da la beca y eres tuna de pleno derecho”, explica Aida. Durante ese tiempo, la prioridad no es tocar perfecto, sino aprender la dinámica del grupo, la convivencia y la tradición.
«La tuna femenina no tiene ese estereotipo de que te va a dar la brasa”

Muchas de las nuevas incorporaciones llegan movidas por la curiosidad. A diferencia de la tuna masculina, más conocida, la femenina sigue siendo una rareza para gran parte del público. “Como no es tan habitual ver las tunas femeninas, no tenemos ese estereotipo de que la tuna va a dar la brasa”, señala. Esa falta de prejuicios previos juega a su favor. En su propio caso, el flechazo fue casi casual: se cruzó por Oviedo con la tuna masculina, le llamó la atención una guitarra idéntica a la suya y, poco después, la cuenta de Instagram de la tuna femenina empezó a seguirla. “No tenía ni idea de qué era la tuna ni nada, probé un poco y me llamó la atención”.
Cada inicio de curso refuerzan esa captación con presencia en ferias de asociaciones y jornadas de bienvenida. El mensaje es claro, si quieres cantar, viajar, conocer gente y hacerlo sin que suponga un gasto personal, este es tu sitio. “Aunque no sepas nada, si te apetece hacer cosas divertidas y diferentes, prueba la tuna”, resume Aida. No todas se quedan “te quita tiempo y no deja de ser una actividad extraescolar”, pero quienes conectan, se quedan “para siempre”. Salir por Oviedo sigue siendo una parte esencial de su actividad. Y también el mejor termómetro social. Aunque de vez en cuando aparece el comentario de “ay, la tuna, qué brasa”, la recepción suele ser positiva. “Hay muchísima gente que todavía nos ve y dice: ‘ay, no sabía que había tuna femenina y alguna mujer mayor que nosotras nos dice que qué pena no haber existido cuando estudiaba”. En Asturias, donde la cultura de cantar en los bares ha estado siempre muy presente, la tuna encaja bien en el ambiente. Su repertorio combina canciones clásicas (Clavelitos, Tuna Compostelana o Las cintas de mi capa no pueden faltar) con otras que les apetece tocar. “Hay gente que dice que no conoce ninguna canción de tuna y luego las escucha y dice: pues sí que me suena”.
«Nos vamos a apoyar las unas a las otras siempre»

Además, y como en cualquier tuna, la convivencia es clave. Ensayan todos los viernes de seis a ocho de la tarde en un espacio que les cede la Facultad de Formación del Profesorado, en Llamaquique. A eso se suman actuaciones, salidas por Oviedo, contratos para distintos eventos y viajes a certámenes. En Navidad mantienen una tradición compartida con la tuna masculina: salir juntas en Nochebuena a cantar en los asilos de la ciudad. En cuanto a valores, la influencia de sus padrinos es clara. Intentan evitar que temas como la política generen conflictos internos. “Si vemos que nos estamos metiendo en temas que van a pasar del debate agradable a otra cosa, se zanja y ya está”, explica Aida. No pierden el objetivo de crear un grupo en el que todo el mundo se sienta a gusto. “Vamos a vernos como una pequeña familia aquí. Nos vamos a apoyar las unas a las otras siempre”.
La estética, la capa y las cintas también forman parte del legado. Aunque su origen esté ligado a una tradición masculina, hoy las reglas se han adaptado. Llevan cintas regaladas por familiares, amigos, amigas y compañeras. En cuanto a la financiación, como es habitual en estas agrupaciones, la tuna femenina también se financia tocando. “Cantando unas canciones y pasando la pandereta financiamos un poco el viaje”, explica Aida, que resume la experiencia, sale “mucho más barato y mucho más divertido que un viaje normal”.