El Gobierno anuncia una “progresividad” de libro, pero la letra pequeña revela lo contrario. La patronal lo advirtió enseguida: la medida penaliza a las clases medias, las grandes olvidadas en el discurso socialista y las más exprimidas en la práctica

En política fiscal, como en los viejos trucos de feria, lo importante no es lo que se ve, sino lo que se esconde. El Gobierno de Barbón ha presentado su supuesta reforma del IRPF como un gesto de alivio para los contribuyentes asturianos. Pero los que entienden de números —y no de eslóganes— lo han dejado claro: esto no es una bajada, es una maniobra. Y de las malas.
Los asesores fiscales lo resumen con precisión quirúrgica: “el efecto es reducido”. Traducido: no se notará en la nómina, pero sí a la hora de la declaración. Y no para bien. Pilar Martínez Artuña, desde Llanes Consultores, lo dice sin rodeos: “la nómina variará poco, pero devolverán menos”. Es decir, una ilusión óptica disfrazada de redistribución.
Porque si algo tiene esta reforma, además de humo, es cinismo. El Gobierno anuncia una “progresividad” de libro, pero la letra pequeña revela lo contrario. La patronal lo advirtió enseguida: la medida penaliza a las clases medias, las grandes olvidadas en el discurso socialista y las más exprimidas en la práctica. Mientras se juega a subir un poco a las rentas altas —sin atreverse a tocar a las de verdad—, se exprime con precisión a quienes ya pagan demasiado.
Andrés Ruiz, desde el PP, lo definió como lo que es: un cambio cosmético para construir el relato de una supuesta rebaja. Porque si algo domina este Gobierno no es la gestión, sino el relato. Da igual que la realidad lo desmienta. Da igual que los profesionales de los despachos fiscales lo hayan señalado como una maniobra inútil. Lo que importa es lanzar el mensaje.
Un castigo invisible para quienes más aportan
El mensaje, sin embargo, se desmorona al menor contacto con la realidad. Asturias lleva años perdiendo músculo productivo y competitividad fiscal. Esta reforma no corrige esa tendencia: la agrava. Mientras otras comunidades rebajan impuestos para atraer inversión, aquí se camufla una subida con tintes ideológicos.
Lo más grave es la torpeza estratégica. Subir impuestos a rentas altas “sin visión de futuro”, como alertan los asesores, no solo es económicamente cuestionable: es suicida para una región que necesita atraer talento como el agua. Si a eso se le suma el castigo silencioso a las clases medias —que ya sostienen el grueso del sistema—, el resultado es una hemorragia fiscal lenta, pero implacable.
La trampa está bien diseñada: la nómina no cambia, pero el resultado fiscal empeora. Pagan igual o más, y reciben menos. Sin ruido. Sin protesta. Y sin que muchos lleguen siquiera a darse cuenta.
La vía fiscal del relato: mucho titular y poco alivio
Zapico, portavoz de Convocatoria-IU, proclamó que “esta sí es la vía fiscal”. Y no le falta razón, aunque no como él cree. Es la vía fiscal del trampantojo, del titular bien pulido que esconde un castigo silencioso. La vía del “te devuelvo menos, pero sonríe, que es por tu bien”. La vía del socialismo de boutique: estético, artificial y cómodo para quien lo administra, no para quien lo sufre.
Mientras tanto, los expertos avisan y los empresarios observan con creciente escepticismo. En un momento crítico para la economía regional, este tipo de reformas no solo no ayudan, sino que castigan. El relato puede ser impecable, pero la recaudación no vive de titulares: vive de contribuyentes que creen en el sistema.
Y si siguen jugando con su confianza, pronto no quedarán ni relatos… ni contribuyentes.