La candidatura promete a Europa diálogo, respeto y resistencia frente al odio mientras las palabras del alcalde tras la agresión de San Mateo abren una contradicción difícil de esquivar

La polémica abierta por las declaraciones del alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, tras la agresión sufrida durante las fiestas de San Mateo por Rubén Rosón y Jorge Fernández podría trascender el debate político municipal y rozar uno de los proyectos estratégicos de la ciudad: la candidatura de Oviedo a Capital Europea de la Cultura 2031. No porque las palabras del regidor constituyan una causa de exclusión —las bases no contemplan una penalización automática de este tipo—, sino por la posible contradicción entre la controversia generada y algunos de los valores sobre los que Oviedo ha construido su propuesta ante Europa.
Canteli aseguró, al referirse a lo sucedido, que únicamente conocía «lo que dice una parte», reclamó conocer las dos versiones y recordó un incidente anterior protagonizado por Rosón. «Qué casualidad», señaló el alcalde al establecer aquella comparación. También afirmó, al hablar de los presuntos agresores, que no creía que los jóvenes ovetenses fueran «tan mala gente».
Las declaraciones han provocado críticas políticas y peticiones de rectificación. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, por su parte, ha calificado lo sucedido como un «delito de odio», aunque será la investigación policial y, en su caso, la Justicia la que determine definitivamente la naturaleza y las responsabilidades derivadas de los hechos.
La cuestión adquiere una dimensión particular por el relato elegido por Oviedo para competir por la Capital Europea de la Cultura. La ciudad ha situado la «amabilidá» en el centro de su candidatura y no únicamente como una referencia al carácter acogedor de Oviedo. El proyecto presenta el concepto como una respuesta cultural y democrática frente al auge del resentimiento, la agresividad, la hostilidad y el deterioro de la convivencia.
La propia candidatura defiende la escucha, el diálogo y el respeto como elementos fundamentales para una democracia viva y vincula su propuesta con la necesidad de recuperar valores humanistas europeos. Una filosofía que el propio comité de expertos encargado de evaluar las candidaturas destacó después de seleccionar a Oviedo entre las cuatro ciudades españolas finalistas. Y ahí aparece el posible punto de fricción.
Las bases que regulan la elección de la Capital Europea de la Cultura no contemplan que unas declaraciones polémicas de un alcalde puedan dejar fuera a una ciudad. Por tanto, no puede afirmarse que las palabras de Canteli pongan formalmente en peligro la candidatura.
Sin embargo, los criterios europeos sí incluyen cuestiones directamente relacionadas con el relato ovetense. Dentro de la denominada «dimensión europea», el comité debe valorar la promoción de la diversidad cultural, el diálogo intercultural y una mayor comprensión mutua entre los ciudadanos europeos.
Otro de los apartados, denominado «trabajo de proximidad», contempla la participación de la sociedad civil y las oportunidades para que se impliquen amplios sectores de la ciudadanía, incluyendo expresamente a personas marginadas y desfavorecidas y a las minorías.
Además, Europa exige que las candidaturas acrediten un respaldo político amplio y firme y un compromiso sostenible de las autoridades locales. En este sentido, Canteli no es una figura completamente ajena al proyecto: como alcalde, participó personalmente en la defensa de Oviedo 2031 ante el comité de expertos durante la primera fase del proceso.
La controversia llega, además, en un momento especialmente sensible. Oviedo compite con Cáceres, Granada y Las Palmas de Gran Canaria después de superar el primer corte. Las cuatro ciudades deberán defender nuevamente sus proyectos ante el comité internacional antes de conocerse qué ciudad española ostentará finalmente el título en 2031.
La cuestión que podría afrontar Oviedo es fundamentalmente de coherencia. La ciudad ha decidido presentarse ante Europa con una candidatura que reivindica explícitamente el diálogo, el respeto, la convivencia y la resistencia democrática frente al odio y la hostilidad.
Por eso, una polémica sobre la respuesta de su propio alcalde ante una agresión adquiere una dimensión distinta a la que tendría en cualquier otro proyecto cultural. La «amabilidá» no es un elemento secundario de Oviedo 2031: es precisamente la idea con la que la ciudad pretende convencer a Europa.