Las terrazas, convertidas en improvisados puntos de encuentro, se llenaron tras el apagón generalizado en una jornada marcada por el buen tiempo y las incidencias derivadas de la desconexión

La pandemia, Filomena, el volcán de la Palma, los conflictos bélicos en Palestina y Ucrania… y el gran apagón. Cuando nada parece que pueda sorprender a los españoles -y, por ende, a los asturianos- un nuevo suceso llega de improviso para poner ‘patas arriba’ la rutina de todo un país. La jornada de este lunes quedará marcada como la del gran apagón, casi ocho horas sin electricidad que pusieron a prueba la entereza, la paciencia y el ingenio de la sociedad asturiana. La nota, parece, sobresaliente. O al menos así lo dejaba entrever el presidente Adrián Barbón al señalar en la mañana de hoy que «Hoy es un buen día para sentirse orgulloso de ser asturiano».
En realidad, entre quienes tuvieron la suerte de no quedar atrapados en ascensores o medios de transporte, -y salvando casos excepcionales como los centros sanitarios y situaciones de emergencia, como la que presentaron quienes necesitan en su día a día de algún aparato eléctrico por salud- el apagón fue una excusa para salir a parques y terrazas a disfrutar de un espectacular día primaveral. Así que los bares se convirtieron en los «otros» grandes protagonistas de una tarde en la que, sin Internet ni televisión, la radio y la conversación fueron los grandes aliados para matar el rato. Sin embargo, no fue fácil continuar la jornada en los locales hosteleros. Lo cuentan desde uno de los más populares del Fontán, en pleno centro, donde explican que la interrupción de la electricidad inutilizó elementos esenciales como el cañero, de funcionamiento eléctrico o la cafetera. Además, la falta de gas obligó a cerrar cocinas, dejando a este y otros tantos negocios sin capacidad para preparar comidas.
Otea, aún sin datos sobre las pérdidas en el sector: «Se ofreció una respuesta ejemplar»
En contraste, otros negocios del mismo entorno lograron sortear las dificultades. Es el caso del restaurante Casa Bango, regentado por Julio Fernández y su esposa Ana, uno de los pocos locales abiertos los lunes en la zona. Aunque no pudieron cobrar con tarjeta debido a la caída de los sistemas electrónicos de pago, continuaron operando con normalidad gracias a que su cocina funciona con gas. Muchos clientes abonaron sus consumiciones en efectivo o, en algunos casos, mediante Bizum una vez restablecida la conexión.
Una situación desigual para los locales pero que, desde Otea, la patronal de hostelería y turismo de Asturias, ponen en valor, recordando que el sector es «un servicio público esencial” y elogiando la respuesta solidaria de numerosos profesionales que priorizaron el servicio a ciudadanos y turistas, incluso fiando consumiciones o improvisando formas de cobro alternativas: «A la espera de un balance sobre afección en el sector, queremos resaltar la ejemplar respuesta del sector, marcada por su interés en dar servicio, más allá de la lógica de la venta. Numerosos establecimientos, incluso con dificultades operativas, se volcaron en dar de comer y beber a todos los visitantes y turistas que se vieron sorprendidos por el apagón».
Por otra parte, desde la patronal también se alerta sobre los riesgos de no contar con planes de contingencia y se reconoce la también relevancia del sector del alojamiento, que activó habitaciones para dar cobertura a viajeros afectados por la paralización del transporte. La jornada del lunes dejó estampas poco habituales en la ciudad: supermercados con estantes vacíos, largas colas en las cajas, ascensores paralizados y negocios tratando de operar en penumbra. Aun así, el ambiente general fue de relativa calma, con terrazas llenas y muchas conversaciones en tono humorístico que aliviaron una jornada complicada, tanto para clientes como para profesionales.