Se trata de la segunda iniciativa de ‘Puxa el barrio. Arte que habita’ después de ‘Huellas’, que se centra en la fotografía colaborativa; llegará a los centros sociales de Las Caldas y Caces, y se desarrollará entre este mes y julio

Oviedo quiere ser Capital Europea de la Cultura en 2031 y, una vez pasado el primer corte, la candidatura sigue apostando por impulsar en barrios y zonas rurales «una vida cultural más participativa, accesible, equitativa e inclusiva», reforzando así «el papel dela cultura como espacio de encuentro, escucha y construcción colectiva, generando narrativas compartidas capaces de abordar retos contemporáneos como la participación democrática, la lucha contra las desigualdades o la convivencia en la diversidad». Por eso, puso en marcha ‘Puxa el barrio. Arte que habita’, con una buena experiencia con ‘Huellas’, centrado en la fotografía colectiva, y ahora pone en marcha un segundo proyecto, ‘Templanza’, «un proceso de mediación artística a través de la música, la memoria oral y la creación colectiva».
Éste se desarrollará entre este mes y julio en los Centros Sociales de Las Caldas y Caces, y estará liderado por las artistas Ana Pereda y Antía EseUve. Entre las actividades programadas destacan las llamadas ‘Bibliotecas Humanas’, que tendrán lugar los días 2 y 4 de junio para la participación de los vecinos y vecinas, que podrán compartir relatos, recuerdos y experiencias vinculadas a su territorio. Además, durante dicho mes se desarrollarán varias sesiones de cantos populares en las que se investigará sobre la memoria musical colectiva de la zona. El proceso culminará con una residencia artística entre el 27 de junio y el 3 de julio y con la creación de un espectáculo musical participativo construido a partir de las memorias, historias y canciones compartidas por la comunidad.
Uno de los ejes principales de ‘Templanza’ será la recuperación de la memoria colectiva ligada especialmente a las mujeres y a lugares simbólicos como los lavaderos públicos, entendidos históricamente como espacios de encuentro, conversación y transmisión oral. Sigue así la línea marcada por Pereda y Antía EseUve previamente en poblaciones como Infiesto y Boal, donde investigaron sobre la música tradicional y sobre el valor social y simbólico de los espacios de convivencia comunitaria.