Belén Rodríguez toma el relevo de Cundo, el emblemático local de la calle San Vicente y traslada allí el espíritu y el nombre de La Belmontina, que renace tras el incendio que este verano asoló su local

«Bares, qué lugares tan gratos para conversar / No hay como el calor del amor en un bar«. Ya lo sabían Gabinete Caligari hace cuatro décadas, los bares son parte imprescindible del pulso de una ciudad y Oviedo, este verano, se había quedado huérfana de dos imprescindibles: Casa Cundo y La Belmontina. El primero había cerrado sus puertas tras la jubilación de Joaquín Morán que se mantuvo al pie del cañon durante 45 años. La Belmontina, por su parte, sufrió un paréntesis indefinido más cruel el pasado mes de julio, cuando un terrible incendio dejó el local inutilizable por el momento. Pero, cual Ave Fénix, su alma mater, Belén Rodríguez -que cogía el testigo de sus padres hace veinte años-, resurge ahora para fusionar esos dos locales tan queridos en el casco histórico. Llevará así el nombre de su casa, La Belmontina, a su nuevo emplazamiento, el local que antes ocupaba su amigo Joaquín en Cundo.

Y es que esta reapertura, muy esperada por los parroquianos -muchas veces compartidos- de ambos locales, no es solo un relevo hostelero, sino la unión simbólica de dos establecimientos profundamente arraigados en la memoria colectiva de la ciudad. Así lo explica a miOviedo Belén, que reconoce que la coincidencia temporal entre el incendio y el cierre de Cundo (apenas pasaron unos días entre ambos) fue casi cuestión de destino. “El 6 de julio (fecha en la que se produjo el incendio en su local), solo me quedó la pitillera. Se me quemó todo, todo. El dinero, la recaudación… fue una ruina total. Y todavía no sabemos qué pudo pasar”, cuenta aún impactada por un incidente que, reconoce, le dejó secuelas. Porque aunque no hubo que lamentar daños personales, las consecuencias económicas y emocionales fueron profundas. “Las sirenas de los bomberos me ponen alerta. El fuego me dejó más secuelas de las que creía”, confiesa, y reconoce que aún hoy evita pasar por el antiguo local. Con él se quemó una parte importante de su vida, que transcurrió, desde niña, jugando entre las mesas y los comensales a los que atendían entonces sus padres.
«Cuando hablamos de abrir en otro lado, solo había una opción: Cundo»
Ante la imposibilidad de reabrir La Belmontina en su emplazamiento original a corto plazo, Belén ha optado por no abandonar ni la zona ni a su clientela. “Cambiar de zona cuesta. Seis meses sin abrir un local es perder clientes. Son 50 años”, explica. Por eso, cuando se planteó seguir adelante, solo hubo una opción: Cundo. “Cuando hablamos de abrir en otro lado, solo hablé con Joaquín”, asegura. El nuevo establecimiento abrió sus puertas este mismo lunes. La intención es clara: mantener la esencia de ambos locales. “Es una mezcla entre uno y otro”, explica Belén, que confirma que la oferta gastronómica será casi idéntica que la de La Belmontina y los cambios en el espacio serán mínimos. “Pintar, limpiar y poco más. Cambiar el morado por azul”, detalla, con la idea de respetar la identidad de un bar que ha visto pasar varias generaciones de ovetenses.
Junto a ella sigue Andrés Insuasti, que fue precisamente quien dio la voz de alarma en el incendio del primer local, como recordaba este jueves a este medio, y que acompaña a Belén en esta nueva aventura, en la que las cosas van «de momento muy bien». «Es un lugar diferente» – explicaba – «pero sigue teniendo esa esencia de bar de toda la vida».
La terraza, uno de los grandes símbolos de Cundo, volverá a ser protagonista en cuanto el tiempo y los trabajos de acondicionamiento lo permitan. “Nada más que pueda, la voy a abrir”, cuenta, y adelanta que también solicitará al Ayuntamiento la concesión de una terraza exterior, lo que dará aún más vida al local. También se conservarán pequeños guiños al pasado, como un cuadro del antiguo Cundo visible nada más entrar. «Porque cambiamos el nombre sí, pero Cundo se reconoce”. La histórica hostelera no oculta que esta reapertura es, ante todo, una forma de volver a empezar, «volver a lo mío, poco a poco”. Tras décadas vinculada a La Belmontina este nuevo capítulo no borra lo vivido, pero permite seguir adelante. Y lo hace manteniendo vivo el pulso de una hostelería de barrio que, en Oviedo, sigue siendo mucho más que un negocio.


