El espacio, liderado por Carlos Baumann y afincado en Ciudad Naranco, se consolida como un referente que une música, comunidad y recuperación de barrios

Kuivi nació casi por casualidad, pero se ha convertido en una de las experiencias culturales más transformadoras de Oviedo. Lo que comenzó en 2021 como una propuesta al aire libre en San Lázaro se ha consolidado hoy en el barrio de Ciudad Naranco como un proyecto estable, con programación continua, identidad propia y un propósito claro: demostrar que la cultura puede recuperar espacios y tejer comunidad. «El primer año lo hicimos en San Lázaro, todavía con ciertas restricciones por la pandemia», recuerda Carlos Baumann, impulsor del proyecto.
«Fuimos definiendo el modelo y vimos que lo que queríamos ser no era un festival, sino un parque urbano cultural». Aquel terreno abandonado se llenó de vida durante semanas, y aquel experimento se transformó en una idea mucho mayor: aprovechar los espacios infrautilizados de la ciudad para convertirlos en focos culturales.
Tras pasar también por los terrenos del antiguo HUCA, el Kuivi se instaló el pasado año en una antigua nave industrial en Ciudad Naranco, abandonada durante tres décadas. “Poco a poco la fuimos arreglando y poniendo a disposición de esta idea que teníamos”, explica Baumann. “Tener un espacio permanente hace que los cimientos sean mucho más sólidos y te permite construir cosas cada vez mejores”. La llegada del espacio, además, ha conseguido transformar la zona. Los vecinos, cuenta el propio Carlos, «decían que habían recuperado una calle por la que llevaban muchísimo tiempo con miedo a pasar». Ese es, asegura, uno de los mayores logros del proyecto: «La cultura recupera sitios, personas, comunidades, colectivos, todo».
Oviedo, una ciudad más viva de lo que parece


Frente a los tópicos de una ciudad culturalmente apagada, Baumann lo tiene claro: “En Oviedo pasan cosas. Quizá faltaba creérnoslo, tener cierto orgullo de pertenencia”. Kuivi ha contribuido a ese cambio de percepción, consolidando un espacio donde conviven conciertos, actividades sociales y proyectos vecinales. “Por aquí pasan ONGs, asociaciones y propuestas que siempre tienen un carácter social”, cuenta. “No puedes hacer propuestas en el vacío: hay que ser muy consciente de dónde las haces y para qué”. Como uno de los impulsores del Kuivi defiende además que Oviedo atraviesa un momento especialmente fértil: “Hay fines de semana en los que se puede discutir la programación cultural con cualquier ciudad de su tamaño”, dice. “Hay mucha gente haciendo cosas distintas, y hay hueco para todo y para más”.
Aunque la música sigue siendo su principal motor —por Kuivi ya han pasado grupos nacionales e internacionales—, el proyecto va más allá. En sus instalaciones se celebran desde fiestas vecinales hasta encuentros de asociaciones, talleres o ciclos de cine. “Nosotros estamos dispuestos a meternos en cualquier locura” bueno, «casi cualquiera», matiza.
El siguiente paso, asegura, pasa por crecer en torno a una idea de comunidad creativa: “En el medio plazo espero que Kuivi esté dentro de un barrio cultural, que no sea una propuesta aislada, sino que entre todos convirtamos el barrio de Oviedo en el barrio cultural de Asturias”. Hoy, más que un espacio de conciertos, Kuivi es un símbolo de lo que ocurre cuando la cultura se usa como herramienta de transformación. Un recordatorio de que la creatividad puede nacer de un solar abandonado y convertirse en el corazón de un barrio. Y una insignia más que la ciudad ofrece en la pugna por convertirse en Capital Europea de la Cultura en 2031.