
Por Urbano Rubio Arconada
«Pero ¿los políticos no son más que el reflejo de una sociedad? Más bien al contrario: la sociedad es un fiel reflejo de los políticos de un país, pues vemos cómo estos influyen en ella»
La ineptocracia es el sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurar su sustento son obsequiados con bienes y servicios pagados con impuestos confiscatorios sobre el trabajo y la riqueza de unos productores en número descendente; y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías, que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a unas personas que sabe que son idiotas. La ineptocracia es el sistema de los ineptos, el de los perdedores de la sociedad occidental”.
Así de rotundo se expresa el filósofo y escritor francés Jean d’Ormesson al describir la democracia actual.
Este término se ha puesto de moda en medios y redes sociales con motivo de las críticas a la reciente gestión pública española y por la existencia de una gran mediocridad que se aprecia a diario entre una amplia diversidad de gobernantes y empleados designados para ocupar altos cargos de responsabilidad en la Administración pública en general.
El concepto se enfoca básicamente en el bajo rendimiento que los representantes políticos ofrecen a la sociedad, así como en el desconocimiento de las características esenciales de los problemas y de las soluciones reales que afectan a las personas de a pie.
Una consecuencia básica de la “ineptocracia” es el desconocimiento de la historia. La verdadera historia necesita estar presente en la memoria, refrescarse de vez en cuando y servir como enseñanza para evitar caer en los mismos errores. La historia debe tenerse en cuenta para vivir el presente construyendo los cimientos sólidos de un futuro favorable, siempre mejor, y para ser capaces de construir un porvenir atractivo para la población.
Conviene releer al abogado, filósofo y escritor Voltaire, que sellaba su parecer al respecto con esta frase contundente: “La política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria”.
Pero ¿los políticos no son más que el reflejo de una sociedad? Más bien al contrario: la sociedad es un fiel reflejo de los políticos de un país, pues vemos cómo estos influyen en ella. Modifican lo necesario para llevar a la sociedad a su terreno. Pero, cuando esto ya no es posible, se necesita cambiar de políticos o de ideas y adquirir otras que la sociedad admita mejor.
Esto tiene que ver con la educación, ya que, desde hace décadas, la historia se esconde e incluso se falsea a conveniencia de determinados intereses sociológicos. En ello tiene mucho que ver el papel tan degradante que algunos medios de comunicación, principalmente televisivos, están proyectando sobre una sociedad con bastante escasez de esfuerzo para pensar, planificar y conseguir prosperar.
Que, de pronto, se tenga como estrella de las tertulias a una señora —icono de los credos feministas— que sale diciendo “hay que hacer algo para que las mujeres no queden embarazadas como burras” dice mucho de la pobre y dañina educación en valores que se está transmitiendo a las nuevas generaciones.
Como ha afirmado Clint Eastwood, uno de los mejores actores del mundo de todos los tiempos: “Todo el mundo habla sobre cómo dejar un planeta mejor para nuestros hijos, pero deberíamos intentar dejar hijos mejores para nuestro planeta”.
En términos generales, la mentalidad española es económicamente ignorante. Cuando se habla de gastos e inversiones públicas, lo primero que tenemos que preguntarnos es: ¿cuánto me va a costar? ¿De dónde va a salir el dinero para esa inversión? ¿De mis impuestos? Hay que hacer un análisis del debe y el haber, de lo positivo y lo negativo.
Mientras, muchos españoles se preguntan: ¿qué me van a dar? Es la mentalidad española de creer que lo que les dicen los políticos es para darles y no para quitarles, en términos netos. Esta es una mentalidad muy difícil de corregir y que nos lleva adonde nos lleva.
Un artículo del escritor Manuel Vicent clava lo que está ocurriendo: “Existen dos Españas, la de políticos nefastos y líderes de opinión bocazas que gritan, crispan, se insultan y chapotean en el estercolero y la de los ciudadanos que cumplen con su deber, trabajan y callan”.
No obstante, creo que callar frente a la injusticia y el abuso ya no es una virtud de prudencia, sino una rendición por miedo.