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Financiación de Cataluña: el truco contable que paga Asturias

Firma invitada por Firma invitada
28/08/25
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El coste es tangible. Cada euro de deuda perdonada a Cataluña es un euro que alguien debe compensar en forma de menos inversión o más impuestos


En el bar de las rondas siempre hay un listo: pide la copa más cara, brinda con entusiasmo y, cuando llega la hora de pagar, se esconde en el baño. Los demás pagan la cuenta. Esa es la metáfora más clara para explicar la llamada financiación singular. Un traje a medida para Cataluña que, de una u otra forma, acaban sufragando todos. Y Asturias, como siempre, con gesto obediente y la cartera abierta.

El privilegio se convierte en norma

El Gobierno central ha pactado con ERC condonar parte de la deuda del Fondo de Liquidez Autonómica y abrir la puerta a un sistema singular de financiación. El eufemismo esconde la trampa: si es singular y se generaliza, ya no lo es; si no se generaliza, rompe la igualdad.

Otras comunidades han alzado la voz. Madrid, Andalucía o Galicia no quieren financiar la barra libre ajena. Asturias, en cambio, calla. Quizá por disciplina de partido, quizá por miedo a incomodar a sus socios en Madrid. El resultado es el mismo: mientras unos marcan la agenda, otros aplauden y pagan.

El coste es tangible. Cada euro de deuda perdonada a Cataluña es un euro que alguien debe compensar en forma de menos inversión o más impuestos. Y una región con demografía envejecida, menor dinamismo fiscal y transición industrial pendiente no puede permitirse que sus recursos se evaporen en un acuerdo bilateral.

La cuenta del silencio

El debate se envuelve en palabras solemnes: “pluralidad”, “singularidad”, “solidaridad”. Pero la operación se reduce a una suma sencilla: unos gastaron más, otros cargan con la factura. En cualquier comunidad de vecinos, sería un escándalo. En política, parece una costumbre.

Asturias necesita algo más que resignación. La financiación autonómica debe quedar blindada jurídica y políticamente: un sistema común, debatido con todos en la mesa, que ningún gobierno pueda alterar para contentar a una autonomía concreta. Porque si hoy se concede a Cataluña, mañana se reclamará en otro territorio, y el sistema se convertirá en una subasta de votos en el Congreso.

Lo que está en juego no es solo el dinero, sino la confianza en que el Estado trata a todos sus ciudadanos con la misma vara. Si el marco no es común y estable, la política territorial se convierte en regateo. Y en ese mercadeo, Asturias siempre lleva las de perder.

O reglas iguales para todos, o barra libre para nadie

El presidente Barbón se limita a repetir los mantras de su partido, sin exigir métricas objetivas ni reglas estables. No plantea que la financiación debe considerar variables como la población ajustada, el envejecimiento o la dispersión territorial. Prefiere sonreír en la foto mientras la cuenta llega al bolsillo de los asturianos.

La cuestión es simple: o blindamos un sistema común, transparente y evaluable, o aceptamos vivir en un bar donde cada cual pide lo que quiere y el camarero pasa la cuenta al más ingenuo. Asturias no puede seguir siendo ese cliente confiado que paga la ronda sin haber elegido la bebida.

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