El artista falleció este miércoles a los 81 años en Oviedo. Formado desde la infancia en la Escuela de Artes y Oficios, su obra marcó plazas, museos y ciudades dentro y fuera de España

Oviedo perdió ayer a uno de esos nombres que, sin necesidad de grandes apariciones públicas, han acabado formando parte del paisaje emocional de la ciudad. Mauro Álvarez Fernández falleció este miércoles en la capital asturiana a los 81 años. Y con él se va uno de los escultores que más han contribuido a fijar en bronce la memoria reciente del espacio público ovetense. No era un artista de una sola obra, pero hay una que lo resume casi todo. Y es que su estatua La Regenta, instalada en 1997 en la plaza de Alfonso II El Casto, frente a la Catedral, se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. Ana Ozores, el personaje de Clarín, aparece en bronce, detenida sobre el pavimento y mirando hacia la portería principal de la basílica. Un gesto calculado, casi literario, que enlaza directamente la escultura con la novela y con el lugar donde transcurre parte de su imaginario. Fue colocada coincidiendo con el centenario de la muerte del escritor y hoy es uno de los puntos más fotografiados del casco histórico.
Pero la trayectoria de Álvarez Fernández empieza mucho antes de ese icono. Se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo, donde ingresó con apenas doce años, en una generación que todavía aprendía el oficio desde la base más artesanal. Más tarde trabajó como modelista en el taller de Porcelanas Guisasola, una etapa que marcaría su relación con los materiales y con el detalle. Con el tiempo abrió su propio taller de cerámica y firmó algunas de sus obras bajo el seudónimo de “Boliau”. En los años ochenta dio un paso más y puso en marcha su propio taller de fundición en bronce.

En Oviedo, además de La Regenta, su firma está en otros puntos muy reconocibles del espacio urbano. Es el caso de El Violinista, en la entrada del Auditorio, o de La Fotógrafa -popularmente conocida como La Torera– en el Parque de San Francisco, dedicada a la figura de Josefa Carril, pionera de la fotografía. Esta última, instalada en 2002, se ha convertido también en una de las esculturas más visitadas por vecinos y turistas, especialmente por la escena cotidiana que genera con los más pequeños.
A ese conjunto se suman obras repartidas por distintos puntos: el relieve de Alfonso VII en la Plaza de la Ferrería de Avilés, el busto de Armando Palacio Valdés en el teatro de la misma ciudad, el retrato de Paulino Vicente en el Museo de Bellas Artes de Asturias, el altorrelieve de San Martín en Ribadesella, o piezas como Jugadores de Baloncesto en Coín (Málaga) y Violinista con Niños en Tudela (Navarra), además del monumento a Mari Luz y sus dos hijos en Lastres. La coincidencia de su fallecimiento con el Día Mundial del Arte añade una capa simbólica a la jornada en la que se ha conocido la noticia.
La capilla ardiente queda instalada en el Tanatorio de Los Arenales. Será este viernes, a las cinco de la tarde, cuando se oficiará la celebración de la Palabra en la capilla y, a continuación, se procederá a su incineración. Oviedo despide así a un escultor que trabajó desde la cercanía del espacio público: ese que se pisa, se recorre y, a veces, sin saberlo, se habita también gracias a su obra.