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Fallece Esmeralda González, la maestra de la merluza a la sidra que convirtió al Nalón en templo del buen comer

Álvaro Boro por Álvaro Boro
07/03/25
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La ciudad de Oviedo, y en especial los amantes del buen yantar, llora la pérdida de una de sus grandes damas de la gastronomía. Su merluza forma parte de la educación gastronómica de los ovetenses

Esmeralda, junto a su hijo y Canteli, cuando recibió el homenaje de OTEA. OTEA.

Esmeralda González Suárez, alma mater del bar Nalón y creadora de la legendaria merluza a la sidra, ha fallecido dejando tras de sí un legado que trasciende la hostelería: el recuerdo de una mujer afable, generosa en el trato y magistral en los fogones. Con su marcha, se apaga una llama que iluminó durante más de medio siglo las mesas asturianas, pero su historia y su cocina quedan indelebles en la memoria de quienes tuvieron la suerte de compartir un plato en su casa.

Nacida en un tiempo donde la cocina era arte de supervivencia, supo transformar la escasez en gloria y el producto humilde en manjar. Perteneció a esa estirpe de guisanderas que, sin estridencias ni fuegos artificiales, convirtieron la cocina asturiana en un baluarte del buen gusto. En 1963, junto a su esposo Vicente Lorenzo, abrió las puertas del Nalón en la calle Fray Ceferino, un pequeño local donde la sidra corría y el pescado hablaba con acento del Cantábrico. Pronto, aquel establecimiento de aire familiar se convirtió en destino obligado para los amantes de la buena mesa, atraídos por la fama de su cocina.

En Oviedo la merluza del Nalón fue dogma de fe. Con un golpe de maestría y un instinto innato para el equilibrio de sabores, Esmeralda elevó a la categoría de mito su merluza a la sidra. Un plato que conquistó a todos, desde el cliente habitual hasta los más ilustres comensales, entre ellos el escritor Camilo José Cela. La receta era sencilla en apariencia, pero guardaba el secreto de los grandes cocineros: un producto impecable, una ejecución precisa y una intuición que no se enseña: se tiene o no se tiene.

Más allá de los fogones, era una mujer de carácter sereno, de sonrisa fácil y hospitalidad sincera. En el Nalón, cada cliente era un invitado y cada plato una muestra de respeto por la tradición. Su amor por la cocina iba de la mano de su pasión por la pintura, otra vertiente creativa en la que destacó.

Los cambios urbanísticos obligaron en 2014 a trasladar el Nalón a la calle Campomanes, donde su hijo Viti Lorenzo tomó el testigo de la saga familiar. Esmeralda se retiró entonces de la primera línea, pero nunca de su pasión. En 2023, la hostelería asturiana le rindió homenaje con la Mención Especial del Antroxu que otorga Otea, un reconocimiento más a su trayectoria, junto a la Medalla de Plata al Mérito en el Trabajo que recibió años atrás.

Hoy, el bar Nalón sigue abierto, la sidra sigue corriendo y la merluza sigue viva en la memoria de quienes la probaron. Porque hay cocineras que hacen platos y otras, como Esmeralda González, que hacen historia.El funeral se celebrará hoy a las cinco de la tarde en la basílica de San Juan el Real. Allí, entre el calor de su familia y el respeto de su ciudad, Oviedo dará el último adiós a una de sus grandes matriarcas del sabor.

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