
La foto entre Escribano y Barbón podrá llenar portadas, pero lo que determinará el porvenir será la capacidad de Asturias para decir con firmeza: primero Asturias, después los intereses de cualquier empresa

La reciente visita de Ángel Escribano, máximo responsable de Indra Defensa, al presidente Adrián Barbón se ha presentado como un gesto cargado de promesas para la industria asturiana. El mensaje implícito: Asturias vuelve al mapa gracias a Indra y su flamante adquisición de El Tallerón en Gijón. Sin embargo, conviene desconfiar de los relatos que se apoyan más en la foto y en la expectativa que en la estrategia real. La reactivación industrial de Asturias no puede fiarse a un movimiento corporativo sin reglas claras, ni mucho menos a la esperanza de que una empresa por sí sola sustituya la falta de política industrial.
La inversión es bienvenida, pero una cosa es sumar capacidades y otra muy distinta es crear la ilusión de que Asturias resurge simplemente porque Indra ha decidido instalarse. El riesgo es evidente: si el Principado convierte esa visita en símbolo de su política económica, lo que vende como “estrategia” puede acabar siendo solo escenografía.
Una guerra industrial sin árbitro
La compra de El Tallerón por Indra no se produce en un terreno vacío. Santa Bárbara Sistemas, con su larga trayectoria en el ámbito de las plataformas terrestres, ya opera en Asturias y en su momento se negó a ser absorbida por Indra. El desembarco de esta última en Gijón, aplaudido sin matices por las instituciones y la Cámara de Comercio, puede abrir la puerta a una competencia directa sin marco regulatorio.
Las consecuencias no son menores. Duplicación de líneas de producción, retrasos en certificaciones, sobrecostes innecesarios y, sobre todo, estrangulamiento de pymes locales que viven al límite de su tesorería. A ello se suma la pérdida de talento por rotación, infraestructuras desaprovechadas y un daño reputacional que puede pasar factura en Europa, donde se valoran más la estabilidad y la coordinación que la improvisación política.
Frente a ese escenario, la solución no es dejar hacer. Es preciso fijar reglas: delimitar qué papel juega cada planta, concentrar El Tallerón en prototipos e integración en lugar de producir en paralelo lo que ya fabrica Trubia, garantizar turnos y tarifas simétricas en las infraestructuras comunes y evitar que un actor sustituya al otro sin justificación.
Asturias primero
El verdadero interés de Asturias no siempre coincide con el de Indra, ni con el de la Cámara de Comercio, ni con el del propio Gobierno regional. Y es ahí donde debe marcarse la diferencia. Lo que necesita nuestra comunidad no son titulares de esperanza, sino una política industrial de verdad: gobernanza neutral, normas claras y defensa de lo que ya existe con valor probado.
Si confundimos complementariedad con sustitución, si dejamos que la propaganda sustituya al análisis, terminaremos sembrando una guerra industrial que Asturias no puede permitirse. La industria no se reactiva a base de visitas institucionales ni de promesas solemnes. Se reactiva blindando lo que funciona, planificando a largo plazo y evitando que una sola empresa condicione el futuro de todos.
La foto entre Escribano y Barbón podrá llenar portadas, pero lo que determinará el porvenir será la capacidad de Asturias para decir con firmeza: primero Asturias, después los intereses de cualquier empresa. Porque la reactivación no se logra con expectativas vacías, sino con reglas, equilibrio y estrategia real.