La aristócrata, nacida en Oviedo e hija de quien fuese jefe de la Casa de Su Majestad, Sabino Fernández Campo, ha muerto a los 83 años; le sobreviven su marido, Sebastián de la Rica, así como cuatro hijos, ocho nietos y tres bisnietos

Las aristocracias española en general, y asturiana en particular, están hoy de luto. Según ha trascendido este lunes, con tres días de demora, el pasado viernes fallecía en Madrid, a la venerable edad de 83 años, la ovetense María Elena Fernández Fernández-Vega, condesa de Latores, Grande de España e hija de Sabino Fernández Campo, quien fuese jefe de la Casa de Su Majestad y una de las figuras destacadas del frustrado intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Habitual de la vida pública y social nacional, la última despedida le fue otorgada el sábado, en el Tanatorio La Paz de Alcobendas. Deja atrás a su marido, Sebastián de la Rica; a sus hijos Elena, Santiago, Pablo y Marta; a ocho nietos y a tres bisnietos.
Nacida en la capital asturiana el 30 de octubre de 1942, Fernández-Vega heredó el título nobiliario en 2010, año de la muerte de su padre, otorgando un honor más a una vida marcada por la discreción, la entrega a su familia y la preservación del legado dejado por quienes la precedieron; en especial, por su progenitor. Fue, de hecho, la primogénita del matrimonio formado por Fernández Campo y por Elena Fernández-Vega Diego, siendo la mayor de diez hermanos, de los que solo tres sobreviven. Lo que sí mantuvo durante toda su vida fue un nexo sólido y estrecho con Asturias, la tierra que la vio nacer. Así, pese a disfrutar de largas temporadas fuera del Principado, no era infrecuente verla de regreso en la región, visitando los lugares de su infancia y reencontrándose con amistades de antaño. En fin, una pérdida por la que, todavía hoy, son muchos quienes lloran.