Trubia no necesita muletas públicas ni rescates artificiales. Necesita respeto, autonomía y aliados leales

Hay decisiones que marcan el rumbo de una región y otras que, sin hacer ruido, lo consolidan. La ampliación del 58% en la capacidad productiva de la planta de Santa Bárbara Sistemas (SBS) en Trubia —pasando de 315 a 500 vehículos militares al año antes de 2028— es mucho más que una cifra. Es una declaración de futuro. Es la prueba de que hay industria asturiana que no se resigna a cerrar persianas, sino que abre talleres, incorpora tecnología puntera y genera empleo cualificado en el corazón de Asturias.
Este impulso no surge por azar. Es fruto de una privatización valiente y responsable realizada en 2001 por el Gobierno de José María Aznar, cuando la antigua Empresa Nacional Santa Bárbara era un cascarón vacío. Lejos de convertirse en un juguete financiero, la entrada de General Dynamics European Land Systems (GDELS) supuso la regeneración industrial de Trubia: inversión constante, empleo estable, excelencia tecnológica. En resumen, compromiso con Asturias.
Pero lo más importante es que no se ha quedado ahí. En estas mismas páginas hemos celebrado el acuerdo estratégico entre GDELS-SBS y la empresa asturiana Asturfeito, que demuestra que hay otra forma de reindustrializar: desde el territorio, con empresas asturianas, y con conocimiento acumulado. Frente al centralismo burocrático, el músculo productivo real.
Conviene recordarlo: SBS estuvo en el punto de mira de una operación política diseñada desde Madrid, liderada por Indra, la SEPI y el grupo Escribano, que pretendía absorberla para montar un “campeón nacional de defensa” al estilo monopolístico y con intenciones más electorales que industriales. Si aquella compra se hubiera consumado, Trubia habría perdido el control sobre su tecnología, su producción, y seguramente su futuro. Afortunadamente, la operación fracasó. Y con ella, se salvó una de las pocas joyas industriales que Asturias conserva.
En este contexto, hay que celebrar la reciente visita del alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, a la planta de SBS. Su silencio durante la batalla contra la operación de Indra fue preocupante, pero su presencia ahora —aunque tardía— marca un giro positivo. Que el regidor reconozca públicamente la importancia de Trubia y se refiera a la fábrica como una de las principales del sector en España es un paso en la buena dirección. El Ayuntamiento debe seguir avanzando: pasar del reconocimiento simbólico a la colaboración activa, apoyando la expansión de SBS como parte esencial de la economía ovetense.
Porque Trubia no es una planta cualquiera. Es un símbolo de lo que puede hacerse cuando se combina tecnología, industria y arraigo territorial. No necesita muletas públicas ni rescates artificiales. Necesita respeto, autonomía y aliados leales.
Y eso exige que sus instituciones estén a la altura. No sólo en los discursos, también en la estrategia. Porque la industria no se defiende con folclore ni con eslóganes, sino con decisiones claras y apoyos tangibles. Y porque Trubia está en Oviedo… y Oviedo está en deuda con Trubia.