El Movimiento en Defensa del Sistema Público de Pensiones denuncia, un jueves más en Oviedo, la precariedad de miles de jubilados y alerta de que las futuras generaciones también sufrirán recortes si no se protege el sistema

Este jueves, como cada primer jueves de mes, la plaza del Ayuntamiento de Oviedo volvió a llenarse de voces en defensa de las pensiones públicas. El Movimiento en Defensa del Sistema Público de Pensiones lleva ya ocho años saliendo a la calle, «primero todos los jueves y ahora una vez al mes, porque el cansancio pesa», reconoce Sara Picado, una de sus portavoces. Aún así, la convicción sigue intacta: «Estamos aquí para quitar el mantra que os venden a los jóvenes de que el sistema público de pensiones es un problema. No lo es». La concentración coincidió además con la protesta estudiantil en solidaridad con Palestina, a la que los pensionistas se sumaron simbólicamente.
Picado, en declaraciones a este medio, recordó la aprobación de la ley que obliga a realizar una auditoría de las cuentas de la Seguridad Social. «Tenía que estar lista en seis meses y todavía la estamos esperando. ¿Por qué será? Quizá porque hay más que suficiente», apunta. A su juicio, detrás del discurso alarmista sobre la insostenibilidad del sistema «están los fondos buitre, que quieren hacerse con él». En Asturias, añade, la imagen de pensiones altas ligadas a sectores como la minería «se está acabando». La realidad es muy distinta: «Entre un 40 y un 50% de las pensiones son muy bajas, menos de 1.000 euros. Y con eso no da para vivir. Si un joven no puede pagar un alquiler con 1.200 euros, imaginaos un pensionista con menos de 1.000».
El deterioro de la sanidad y los servicios públicos agrava la situación. «No es solo tener una pensión baja: es que si necesitas una prueba médica puedes esperar un año o dos, y al final un hijo tiene que pagarte una ecografía porque no te la dan», explica. «Sanidad, dependencia, ayuda a domicilio… todo se ha ido privatizando. Y lo privado siempre busca beneficios». Sobre la juventud, la portavoz es clara: «El problema de los jóvenes es la vivienda, ni más ni menos. Pero las pensiones también lo serán en el futuro si dejamos que nos roben lo público». Y lanza una propuesta al Gobierno central: «Que importen la política de vivienda de Viena. Con eso ya me conformaría». Ocho años después de sus primeras concentraciones, el movimiento insiste en que seguirá en la calle. «Seguiremos aquí, cada mes. Que nadie olvide que las pensiones son un derecho, no un problema».