Semanas después de la instalación del polémico cartel, la plaza del Fresno vive su propio pulso entre la normativa y la costumbre, y el balón sigue rodando con la señal de prohibición como poste
Ni el cartel, ni las advertencias, ni el revuelo político han podido con la costumbre. Es la idea que se desprende cada tarde en la plaza del Fresno, cuando, si el buen tiempo acompaña, los menores toman el espacio en improvisados partidillos bajo la atenta mirada de sus familias. Como ejemplo este miércoles, cuando bajo un sol que lleva acompañando toda la semana a la ciudad, la plaza volvió a llenarse de risas, carreras y gritos de “¡pásala!”. Las imágenes muestran lo que ya es un pequeño acto de resistencia cotidiana. A pesar del cartel colocado el pasado mes de marzo por el Ayuntamiento que prohíbe jugar a la pelota en la plaza, el Fresno volvió a ser, un día más, una cancha abierta para la infancia ovetense.
La medida cayó como un jarro de agua fría entre las muchas familias que cada tarde disfrutan del espacio, y las reacciones políticas tampoco se hicieron esperar. “Antes de prohibir, hay que proveer. Oviedo no puede ser una ciudad pensada solo para coches y adultos”, señalaba entonces el concejal Gaspar Llamazares (IU-CxO), quien solicitaba la retirada de unos carteles que a día de hoy sirven como improvisado poste a los niños. Entonces se habló que la medida podría estar relacionada con el desperfecto que había sufrido meses atrás una de las vidrieras de la Iglesia de San Francisco de Asís, ‘la iglesia redonda‘, supuestamente a causa de un balonazo.
Semanas después de la instalación del polémico cartel, la plaza del Fresno vive su propio pulso entre la normativa y la costumbre, tanto en el centro de la plaza como en los soportales de EDP, a donde se trasladan los partidillos los días de lluvia. Así que, por lo pronto, el balón sigue rodando.


