El trabajo de la UFAM y de su agente Elia Arenas refleja coraje y compromiso. En el 8M, día de la lucha femenina, su labor subraya la importancia de persistir, no rendirse y recordar que, a pesar de las dificultades, siempre hay esperanza

En un mundo que avanza en la lucha por la igualdad, aún existen sombras que no dejan de acechar. La violencia de género, un flagelo social que afecta a miles de mujeres, sigue siendo una realidad dolorosa que debe ser abordada con firmeza y empatía. En este contexto, la Policía Nacional de Oviedo, a través de su Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM), se ha convertido en un pilar fundamental para enfrentar esta problemática. La historia de la UFAM, de sus integrantes y especialmente de Elia Arenas, es un testimonio de dedicación, humanidad y lucha por la justicia.
La UFAM fue implementada oficialmente en 2015, aunque su trabajo se remonta a años antes. Desde su creación, su objetivo ha sido claro: ofrecer una respuesta especializada y multidisciplinaria a las víctimas de violencia de género. La unidad está dividida en dos grupos, el de investigación y el de protección. El primero se encarga de atender las denuncias, muchas veces provocadas por intervenciones policiales en la calle, y el segundo se dedica al acompañamiento y protección de las víctimas, asegurándose de que reciban la asistencia necesaria a lo largo del proceso judicial.
Elia Arenas, oficial de la UFAM en Oviedo, destaca el enfoque integral de la unidad. La investigación y la protección son dos aspectos clave que, aunque a menudo se ven como separados, están profundamente conectados. “Nosotros no sólo investigamos, también ofrecemos protección a las víctimas, porque sabemos que el riesgo persiste mucho después de la denuncia”. Este enfoque multidisciplinario es vital para garantizar la seguridad de las mujeres que han decidido dar el paso hacia la denuncia. La labor de la UFAM no se limita a la intervención inmediata, sino que va mucho más allá. Cuando una víctima acude a la unidad, se inicia un proceso que involucra recopilación de pruebas y evaluación del riesgo que implica el agresor. Este proceso se realiza a través del sistema Viogen, que clasifica el nivel de riesgo de las víctimas en diferentes categorías: bajo, medio, alto y extremo. Según el nivel de riesgo, se activan diversas medidas de protección, que incluyen desde acompañamientos al juzgado hasta vigilancia permanente en los casos más graves. Lo que diferencia a la unidad es su capacidad de adaptación a las circunstancias de cada víctima. El perfil de la mujer que sufre violencia de género no es único, y las intervenciones deben ser tan diversas como las realidades que enfrentan las víctimas. Arenas subraya que no hay un perfil específico, ya que la violencia de género afecta a mujeres de todas las edades, condiciones sociales y culturales: “Es un delito transversal, que no entiende de clases sociales ni de edad”.
La violencia de género, según datos oficiales, ha aumentado un 10% en los últimos años. Un aumento que, según la Policía Nacional, responde en gran medida a una mayor concienciación de las mujeres para denunciar y al creciente número de víctimas menores, especialmente debido a los abusos a través de las redes sociales. Resalta que el uso de la tecnología ha dado lugar a un tipo de control que, antes de la era digital, era mucho más difícil de detectar: “El control a través de redes sociales y dispositivos electrónicos es una forma de abuso que antes no se denunciaba». Esto ha llevado a la Policía Nacional a intensificar la formación y las campañas de sensibilización en colegios e instituciones, para que los jóvenes reconozcan los signos de la violencia.
A pesar del progreso, los retos siguen siendo grandes. El mayor obstáculo con el que se enfrentan las autoridades es la dependencia emocional de muchas víctimas. A menudo, aunque las mujeres sean económicamente independientes, el lazo emocional que las une al agresor dificulta la denuncia. “La dependencia emocional es mucho más fuerte que la económica”. Esta es una de las razones por las que la UFAM acompaña a las víctimas en su proceso: “Nuestro objetivo es que la mujer se sienta apoyada, acompañada y que sepa que no está sola”. Enfatiza Elia.
El trabajo de la UFAM también se ve reforzado por el compromiso de las fuerzas de seguridad del Estado, que se coordinan para asegurar la protección de las víctimas y prevenir la reincidencia de los agresores. La colaboración entre la Policía Nacional, la Policía Local y otras entidades como el Instituto Asturiano de la Mujer es fundamental para crear un entorno seguro en el que las víctimas puedan denunciar sin temor. Un aspecto crucial del trabajo de la UFAM es el tratamiento de los menores que, a menudo, son las víctimas invisibles de la violencia de género. La presencia de hijos en el hogar puede complicar aún más la decisión de una mujer de denunciar a su agresor, por miedo a las repercusiones para los niños. El sistema Viogen también tiene en cuenta a los menores, y en muchos casos se les prohíbe al agresor la visita o contacto con ellos, protegiendo su bienestar físico y emocional. “La protección de los menores es una de nuestras prioridades”.
La prevención es otro de los ejes fundamentales de su trabajo. Si bien la unidad interviene una vez que se produce una denuncia, también realiza un importante trabajo de sensibilización en la sociedad, especialmente entre los más jóvenes. A través de charlas en colegios y otros centros educativos, se enseña a los menores a identificar situaciones de abuso y a reconocer que ciertos comportamientos, como el control a través del teléfono móvil o las redes sociales, son formas de violencia.
El mensaje que desean transmitir a las mujeres que aún no se han atrevido a dar el paso es claro: no están solas. “Entendemos que dar ese paso es difícil, pero les aseguramos que, aunque sea un proceso doloroso, la vida después de la violencia puede ser mucho mejor”. Ellos están ahí para apoyarlas en cada etapa del proceso, desde la denuncia hasta la protección, con un enfoque integral que abarca todos los aspectos de la vida de la víctima.
El futuro de la UFAM, pasa por seguir avanzando en la formación, adaptándose a los nuevos retos que plantea la violencia de género, como el abuso digital y la creciente denuncia de menores. La unidad continuará evolucionando, pero lo más importante es que su misión no cambiará: seguir siendo un refugio para las mujeres y un muro de contención frente a la violencia.