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El barrio que Oviedo deja atrás: ruido, obras y servicios cerrados en Ciudad Naranco

Paula G. Lastra por Paula G. Lastra
20/12/25
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La presidenta de la Asociación Vecinal Activa Ciudad Naranco, Marisa Álvarez, denuncia el abandono del centro social, el impacto del ruido ferroviario, la ampliación de la zona azul sin tarjeta de residente y un modelo de ciudad que, aseguran, se construye sin escuchar al barrio

  • Estado del puente de Nicolás Soria y parcela pegada
  • Vías de tren totalmente descubiertas y paso de trenes de mercancías
  • Estado de la zona de almacenes industriales

Ciudad Naranco crece. En población, en viviendas y en presión urbana. Pero, según denuncian sus vecinos, no en servicios ni en atención institucional. Así lo cuenta Marisa Álvarez, presidenta de la Asociación Vecinal Activa Ciudad Naranco. En el candelero del cabreo vecinal: el centro social prácticamente inutilizado desde 2020, el ruido ferroviario, los atascos crónicos por las obras, la ampliación de la zona azul o la polémica subasta de plazas del parking de Ferreros. Para hablar del Centro Social de Ciudad Naranco debemos volver a la pandemia. Desde entoces, denuncia la líder vecinal, solo funcionan dos salas para actividades, la cafetería y el salón de actos. El resto permanece cerrado. La Unidad de Trabajo Social fue trasladada a Vallobín y no ha regresado. «Cada vez tenemos más claro que para el Ayuntamiento de Oviedo el centro social del barrio no es una prioridad», afirma Álvarez. «Llevamos cinco años arrastrando una situación de dejadez y falta de respeto a los vecinos».

El anuncio municipal de una inversión de 1,4 millones de euros generó expectativas que, según la asociación, no se han cumplido. «Cuando por fin conseguimos ver el proyecto, descubrimos que la obra real ronda los 150.000 euros y que el resto se destina a planes de empleo. El resultado es que se va a intervenir solo en una parte y el centro seguirá sin estar operativo al cien por cien». La reivindicación es clara: «Queremos un centro social completo, con salas abiertas, talleres, cursos, sala de estudios y la UTS de vuelta en el barrio».

Kuivi y las naves: una oportunidad a medio gas

Por su parte, la apertura hace poco más de un año del Kuivi fue recibida como un posible revulsivo para una zona especialmente degradada, junto al puente Nicolás Soria y las antiguas naves industriales. En general, el balance entre los socios de la asociación es positivo, «al menos entre los socios, la gente está contenta«. Además, el espacio ha servido como apoyo clave para el tejido vecinal. «Para nosotras es un respaldo importantísimo: por espacio, por capacidad y por facilidad para organizar actividades y talleres, más aún ahora que no disponemos del centro social. Esperamos que se resuelvan los procesos que tienen abiertos y que acabe siendo el contenedor cultural que ponga en valor una zona tan degradada».

Mientras tanto, el derribo de las antiguas naves sigue paralizado. «No hay avances. Y además empiezan a darse problemas de seguridad: desprendimientos, gente entrando, intervenciones de bomberos… Es un foco de riesgo que lleva demasiado tiempo abandonado».

El polideportivo que no lo es

Otro de los proyectos que ha generado frustración es el nuevo ‘polideportivo’ previsto en la zona. Las infografías publicadas recientemente no se parecen a lo que el barrio había reclamado. «Lo que se nos presentó al principio era un equipamiento municipal real, algo parecido a otros barrios: un edificio con vestuarios, pistas cubiertas, servicios», explica Álvarez. «Pero lo último que hemos visto es poco más que una cancha cerrada, sin vestuarios, sin espacios de uso real para los vecinos». Desde la asociación ya han solicitado reuniones, aunque parece que las obras comenzarán ya el próximo mes de enero.

El ruido ferroviario es otra de las patas del enfado de los vecinos. Ciudad Naranco convive con el paso constante de trenes, ahora más frecuentes y rápidos tras la llegada del AVE, sin pantallas acústicas ni medidas correctoras. La sorpresa llegó cuando ADIF comunicó a los vecinos que no se contemplaban actuaciones porque el entorno se considera “zona industrial”. «Es surrealista», lamenta Álvarez. «Están usando mapas desfasados. Aquí no hay industria: hay viviendas, colegios, hoteles y oficinas». La asociación ya ha presentado alegaciones formales a los Planes de Acción contra el Ruido, apoyadas en normativa europea, estatal y autonómica, reclamando barreras acústicas, reducción de velocidad, tratamiento de la vía y monitorización continua.

Una ZBE que afectará especialmente a un barrio con poco aparcamiento

La implantación de la Zona de Bajas Emisiones y la ampliación del estacionamiento regulado es otro frente abierto. El barrio pasará de tres a más de diez calles con zona azul o verde. «Si se amplía tanto la zona regulada, tiene que haber ventajas para los vecinos», sostiene Álvarez. Por ello, la asociación reclama la implantación de una tarjeta de residente que permita aparcar en condiciones asumibles. «Sin eso, para muchas familias va a ser inviable». El asunto fue abordado recientemente en el Consejo de Distrito. «Lo comenté con el concejal Cuesta y parecían estar a favor. Querían dejar claro que no era un afán recaudatorio y que con la tarjeta se demostraría».

Unido a ello se encuentran los problemas de tráfico derivados del nuevo ramal y las obras llevan meses afectando al barrio. Esta semana, al menos, se ha notado una mejora. «La policía empieza a regular antes de las ocho de la mañana, como pedíamos». Pero la solución, advierten, no puede depender indefinidamente de la disponibilidad de agentes. «Esperamos medidas más permanentes: semáforos de obra, planificación real. Son muchos meses de trabajos».

Y sin dejar el tema de las cuatro ruedas, llegamos al parking de Ferreros. Su adjudicación mediante subasta ha sido la gota que colma el vaso. «Estamos totalmente en contra», afirma Álvarez. «Ningún parking municipal en Oviedo se adjudicó así». Desde la asociación no entienden por qué, si se trata de plazas para vecinos, se prioriza el criterio económico. Por ello reclaman precios tasados, criterios sociales y límites a la especulación futura. «Esto es patrimonio público. No puede convertirse en un negocio».

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