El escritor, actor y guionista convierte su vulnerabilidad en una celebración compartida: una hora y media de humor, ternura y pensamiento político sobre la dependencia y los cuidados

¿Poner en su sitio a Pablo Motos y hacer llorar al público con un baile? Conseguido. ‘En Hablar no sirve. De nada’, Bob Pop convierte su cuerpo, su enfermedad y su dependencia en un discurso político lleno de humor, ternura y lucidez. Y es que ayer, en el Teatro Teodoro Cuesta de Mieres, todo eso flotó durante hora y media en el ambiente. Sobre la mesa la soledad, el cuidado, la fragilidad. Un espejo frente al que mirarnos, incómodas a veces, necesarias, siempre.
Su irreverencia, sus ganas, sus torpezas, su falta absoluta de censura, nuestras vergüenzas. Todas esas cosas pusieron en pie al auditorio y lograron hacer reír, pensar, añorar (esa primera vez con un Sergio que habitó cada una de nuestras vidas). La dependencia. ¿No lo somos todos? La soledad, incluso cuando el cuerpo se convierte en una cárcel de cuidados. Recordar. Confiar. Volver a lo común.
Si el dolor es un momento…
Ayer, en el tren de vuelta a Oviedo, pensaba en lo difícil que es cerrar una obra haciendo llorar al público y que en esa humedad no haya atisbo de tristeza, ni de nostalgia, ni de esa ‘pornografía de la superación’. Solo emoción, conexión, ganas de celebrar. Ganas de más. De mucho más.