Empresario querido y referente en la integración cultural, dejó su huella en la ciudad con su restaurante Chinastur y su incansable trabajo

La capital asturiana llora la partida de uno de sus empresarios más entrañables y queridos, Hong Wei Zhan, más conocido como Ángel Zhan, o simplemente «Ángel el de Chinastur». Ángel Zhan falleció el pasado jueves en su hogar de Villamiana, tras una valiente lucha contra un cáncer biliar que, en cuestión de meses, le arrebató la vida, pero nunca su inquebrantable fuerza ni su espíritu.
Ángel llegó a España con apenas 23 años, un joven que buscaba oportunidades en un mundo nuevo. Lo que no imaginaba era que Oviedo, una ciudad que recibió su presencia con los brazos abiertos, se convertiría en su hogar para siempre. Con el paso de los años, se integró plenamente en la vida de la ciudad, llegando a ser uno más de los carbayones, un hombre que sentía la ciudad como suya y que nunca dejó de aportar a su comunidad.
En 1996, abrió las puertas de Chinastur, un restaurante que, con el tiempo, se convirtió en un referente no sólo de la cocina oriental en Asturias, sino de la integración y la cercanía entre las dos culturas que definieron su vida: la china y la asturiana. El restaurante, situado en Santa Susana, se convirtió en lugar de encuentro para miles de ovetenses y visitantes, un espacio donde la gastronomía se fusionaba con la calidez humana de un hombre que siempre recibía a cada comensal con una sonrisa.
Zhan fue mucho más que un hostelero, su legado va más allá de la cocina. Fue el artífice de uno de los momentos más significativos para Oviedo: el hermanamiento con su ciudad natal, Hangzhou, en 2006. Aquella alianza, impulsada por su incansable trabajo, creó un puente entre dos mundos muy distantes, favoreciendo el intercambio cultural y comercial, y abriendo las puertas de Asturias a inversores chinos. Fue un proceso largo y complejo, pero Ángel, con su carisma y su capacidad de conectar personas, lo hizo posible. “Ángel fue uno de los pilares fundamentales de aquel hermanamiento. Gracias a él, muchos empresarios asturianos tuvieron la oportunidad de estrechar lazos con China”, recuerda Alfonso Román López, exdiputado y amigo cercano. Además de su rol en la hostelería y en la economía local, dejó su huella en el ámbito cultural. Apasionado de la geología, la pintura y la caligrafía china, era un hombre de mente inquieta que nunca dejó de aprender ni de enseñar. Su amor por la lengua y cultura de su país le llevó a impartir clases de chino, contribuyendo a que muchos asturianos conocieran en un mundo fascinante. Fue un hombre generoso, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitara, con un alma tan grande como su capacidad de trabajo.
El cáncer que le golpeó en los últimos meses de su vida no pudo borrar su esencia. A pesar del dolor, mantuvo su lucha con la misma dignidad y fortaleza que lo caracterizó siempre. La última ilusión de Ángel, convertirse en abuelo primerizo, quedó truncada por su enfermedad, pero su familia, su esposa Li Hong Xu (Cristina para todos), y sus hijas Inés y Paula, siempre lo acompañaron en su doloroso camino hacia el final.
El pasado jueves, los amigos y seres queridos de Ángel dijeron adiós a un hombre excepcional. La capilla ardiente en el tanatorio de Los Arenales se llenó de personas que, con cariño y respeto, le dieron su último adiós. “Hong Wei Zhan, Ángel, amigo y hermano de todos”, rezaba la esquela que colgaba a la entrada, una frase que resumía perfectamente la huella que dejó.
Oviedo se despide de un hombre que unió dos mundos, que trajo consigo un trozo de China y lo compartió con todos los asturianos. Un hombre que viniendo de muy lejos se convirtió en uno más del Oviedín, y cuya vida fue una constante búsqueda de armonía entre culturas. Ángel Zhan ha partido, pero su legado permanece.