El ejemplar anterior, uno de los árboles más representativos de la capital asturiana, fue retirado después de que una de sus grandes ramas cayese el pasado 16 de mayo y fue, hace un par de semanas, sustituido por un roble de 12 metros de altura y 60 años

Olía a verano, y las primeras noticias sobre las altas temperaturas empezaban a copar la prensa, cuando uno de los árboles más representativos de Oviedo caía. El sábado 16 de mayo, una de las grandes ramas del ejemplar instalado junto a La Jirafa se desprendía, obligando a intervenir al servicio municipal de Parques y Jardines. Poco después, los operarios procedían a talar el ejemplar ante el riesgo de nuevas caídas, dejando durante semanas vacío uno de los puntos más reconocibles del centro de la capital asturiana.
Han tenido que pasar casi tres meses para que el espacio volviera a contar con un nuevo tronco. El pasado viernes 14 de agosto, el Ayuntamiento procedía finalmente a la colocación del sustituto: un roble de unos 12 metros de altura y alrededor de 60 años de edad. Quince días después de su reubicación, el nuevo árbol ya se ha convertido en uno más del paisaje ovetense. El roble comienza a recuperar además una de las funciones que durante años cumplió el anterior árbol: proporcionar sombra en uno de los espacios más transitados de la ciudad. Y no solo sombra; si durante las jornadas de calor el ejemplar comienza a ofrecer una pequeña sombra, esta semana su presencia tiene también otra utilidad: integrarse como un paraguas más ante las lluvias que están azotando estos días la capital asturiana. Paraguas que, se espera, pueda crecer a medida que pase el tiempo y la nueva planta alcance la frondosidad esperada.