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Dos horas menos de colegio, menos hijos: la conclusión de un estudio de la Universidad de Oviedo

Redacción por Redacción
12/09/26
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Una investigación sobre la jornada continua detecta una reducción cercana al 9% y efectos todavía mayores donde el cambio de horario fue obligatorio

El paso de la jornada partida a la jornada continua en los colegios públicos españoles habría tenido un efecto inesperado más allá de las aulas. Una investigación desarrollada desde el Departamento de Economía de la Universidad de Oviedo concluye que la reducción del horario escolar ha contribuido a disminuir la natalidad y a retrasar la edad a la que las mujeres tienen hijos.

El trabajo, elaborado por Álvaro Muñiz Fernández, profesor del Departamento de Economía de la institución académica asturiana, ha sido publicado en la revista Journal of Policy Analysis and Management. Sus resultados apuntan a que la implantación de la jornada continua redujo el número medio de hijos por mujer en 0,12, aproximadamente un 9% respecto a los niveles anteriores, y retrasó la maternidad alrededor de cuatro meses.

El impacto, además, no se distribuye de la misma manera entre todos los nacimientos. Según la investigación, el cambio de horario apenas modifica la decisión de tener el primer hijo, pero sí reduce «de forma apreciable» los nacimientos de segundos, terceros y siguientes hijos.

La explicación estaría en algo tan cotidiano como las horas que los menores pasan en el colegio. La jornada partida, con clases por la mañana y por la tarde, funcionaba en la práctica como una ayuda indirecta para la conciliación familiar. Los niños permanecían gratuitamente en el centro durante parte de la tarde, coincidiendo con unas horas en las que muchos padres y madres continúan trabajando.

La extensión de la jornada continua, concentrando las clases durante la mañana y terminando habitualmente alrededor de las dos de la tarde, eliminó parte de esa cobertura. Las familias pasaron así a necesitar más tiempo propio para atender a los menores o a recurrir a servicios adicionales de cuidado.

«En términos económicos, es como retirar una subvención: el coste de criar a un hijo aumenta», explica Muñiz Fernández.

Un efecto especialmente fuerte cuando el cambio fue obligatorio

Para alcanzar estas conclusiones, el investigador analizó datos de las 50 provincias españolas entre 1981 y 2016, procedentes del Instituto Nacional de Estadística. El diferente ritmo con el que las comunidades autónomas implantaron la jornada continua permitió comparar la evolución de territorios similares en los que unos colegios habían cambiado sus horarios mientras otros mantenían la jornada partida.

Los resultados son especialmente significativos en aquellas comunidades donde la modificación fue obligatoria. En Extremadura y Canarias, el estudio detecta una caída de hasta 0,38 hijos por mujer y un retraso de siete meses en la maternidad.

El investigador relaciona este mayor impacto con el hecho de que todas las familias se vieron afectadas simultáneamente y tuvieron menos posibilidades de adaptación. En los territorios donde la jornada continua se introdujo de forma voluntaria, algunas pudieron buscar alternativas, entre ellas trasladar a sus hijos a centros con horarios más amplios. En estos casos, la matrícula en la enseñanza pública cayó 1,9 puntos.

La investigación cobra especial relevancia en un país que se encuentra entre los que presentan menores niveles de fecundidad de Europa. Muñiz Fernández recuerda que España registró en 2023 alrededor de 1,1 hijos por mujer, muy lejos del nivel de reemplazo generacional, mientras que la edad del primer hijo supera ya los 32 años.

Hasta ahora, buena parte del debate sobre cómo afrontar este problema demográfico se ha concentrado en medidas expresamente diseñadas para ayudar a las familias, como permisos, deducciones fiscales o ayudas económicas. El estudio de la Universidad de Oviedo plantea que también deben tenerse en cuenta políticas aparentemente alejadas de la natalidad que terminan condicionando la conciliación y el coste de formar una familia.

«Aunque la escuela no está pensada como una política de apoyo a la familia, en la práctica funciona como una», señala el profesor.

Muñiz Fernández recalca, en cualquier caso, que su investigación no pretende determinar si la jornada continua es mejor o peor para los alumnos desde el punto de vista educativo. Ese es un debate diferente, con argumentos pedagógicos propios. El trabajo pone el foco exclusivamente en un efecto colateral: reducir en dos o tres horas el tiempo diario que los niños permanecen en el colegio puede modificar las decisiones familiares y, en última instancia, influir en cuántos hijos se tienen y cuándo se tienen.

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