Cazorla, Chaira y Portillo sellan una victoria épica frente a un Mirandés que no se rindió

El Real Oviedo ha logrado este sábado lo que toda una ciudad llevaba esperando desde hace 24 años: el regreso a Primera División. Lo hizo sufriendo, luchando y culminando una remontada épica ante el Mirandés por 3-1 en una prórroga que desató la locura en el Carlos Tartiere.
El partido no pudo comenzar peor para los ovetenses, con un gol tempranero de Panichelli para el Mirandés que heló el estadio. Pero el equipo de Paunovic tiró de corazón y experiencia. En el minuto 38, Santi Cazorla empató desde el punto de penalti y, ya en la segunda parte, Ilyas Chaira vio portería con un remate raso al palo en el 51. La expulsión de Sergio Postigo en el minuto 73 por roja directa complicó aspiraciones visitantes. Aun así, el conjunto rojillo tuvo ocasiones claras, como un doble remate de Panichelli e Izeta en el 79 que puso a prueba los reflejos del meta Aarón Escandell.
Entonces el choque se fue a la prórroga. El empate aún favorecía al Oviedo por su posición en la tabla, pero nadie en el Tartiere quería ascender con el cronómetro en la mano. Y entonces, en el minuto 102, apareció Francisco Portillo.
El atacante recogió un balón en el área, se giró con clase y colocó el esférico en la escuadra con un derechazo que se colará en la historia del club. Ese gol, el 3-1 definitivo, hizo estallar de júbilo a los casi 30.000 aficionados que llenaban el estadio. En los minutos finales, el partido se volvió bronco. En el minuto 118, una tangana en el círculo central terminó con la expulsión directa de David Costas y Egiluz, manchando ligeramente el cierre de una noche inolvidable y un encuentro que ya es leyenda en el oviedismo. Tras más de dos décadas y una cruel estancia en el infierno del fútbol amateur, el Real Oviedo vuelve al lugar que nunca debió abandonar. Asturias recupera un clásico del fútbol español. El sueño se hizo realidad: el Oviedo es de Primera.