Los vecinos del barrio de San Lázaro denuncian inseguridad, suciedad y altercados constantes en torno al albergue de Cano Mata mientras reclaman soluciones más allá del refuerzo policial

Salir de casa, aparcar el coche o llevar a los niños al colegio son actividades cotidianas que, para algunos vecinos del barrio de San Lázaro, se han convertido en un problema diario. Y es que la inseguridad en la zona es ya, aseguran, una constante. “Imagínate, sales a trabajar o a llevar a los niños al cole y hay alguien durmiendo en el garaje. Tienes que despertarle… y a veces se ponen agresivos”, relata una vecina con la que ha podido hablar este medio y que prefiere mantenerse en el anonimato por miedo a represalias. Su día a día, cuenta, está marcado por escenas que se repiten: personas durmiendo en portales, suciedad acumulada, consumo de alcohol y drogas en la vía pública o discusiones que obligan a llamar a la policía. “Estamos desesperados”, resume. No es la primera vez que, de camino al colegio con sus hijos, se encuentra con jeringuillas tiradas en la vía pública o peleas.
La situación, dice, no es nueva, pero sí creciente. “Poco a poco se ha ido complicando todo”. Ahora, añade, los problemas forman parte de la rutina: “Cuando no están durmiendo en el garaje, están en el portal. Cuando no, roban felpudos para usarlos como colchones. Luego aparece todo tirado por la zona”. A eso se suma la suciedad. “Se tira todo, cae al río y luego hay ratas. Un día fui a tirar la basura y tenía una en los pies”, recuerda. También habla de olores en los garajes por orines o de espacios comunes ocupados. “Hay quien se mete hasta en el hueco del ascensor a fumar. El de la limpieza se encuentra latas, cigarros… y más cosas”.

El miedo es otro de los elementos que más se repite en su relato. “Si salgo a cenar con amigas, tengo miedo de volver por la noche. Y por la mañana, con los niños, tampoco sabes qué te vas a encontrar”. Una preocupación que, insiste, afecta también a los más pequeños: “Tengo dos niños pequeños y no es un ambiente agradable para ellos”. La respuesta institucional del Ayuntamiento, asegura, se limita a reforzar la presencia policial. “Siempre es lo mismo: que incrementan la vigilancia. Pero yo no puedo estar llamando todo el día a la policía”. El centro es dependiente de la consejería de Servicios Sociales del Principado de Asturias, con la que este medio ha intentado hablar sin obtener respuesta.
Un diagnóstico que ratifica Araceli González, presidenta de la Asociación de Vecinos de San Lázaro-Otero, que apunta a un problema más profundo. “Hay muchísima inseguridad. El barrio está muy, muy mal”, afirma. Señala directamente a la gestión del albergue de Cano Mata. “Desde que marcharon las monjas, la gestión es nefasta”, sostiene. Y explica el porqué: “Antes se convivía. Ahora hay un batiburrillo de gente: personas de paso, gente joven, mayores esperando residencia… y no todo el mundo da los mismos problemas”. Para la presidenta vecinal, la clave está en lo que ocurre fuera del recurso. “Ellos tienen que ayudar a la gente, claro, pero el problema es que luego están en los portales, en los garajes… y eso no puede ser”. Como los demás vecinos, insiste en que la presencia policial no es suficiente. “Mandan a la policía un día o dos, pero no todos los días. Y así no se soluciona nada”.
El resultado, coinciden ambas voces, es un barrio cada vez más deteriorado y con vecinos cansados… pero también con miedo. “La gente no quiere dar su nombre”, reconoce González. «Nos planteamos hacer una concentración, pero para qué, la gente no va porque tiene miedo», zanja.