Mar Prieto lleva un año al frente de la Cocina Económica de Oviedo, 12 meses siendo cara visible de una entidad en la que lleva media vida. La Navidad, con cenas dignas, mantas y calor, se convierte de nuevo en uno de los momentos más sensibles del año para quienes no tienen hogar. «Quien está en calle nos cuenta que lo más duro es que ni se les mire a la cara»
Como cada año, los veteranos del Real Oviedo se pasaron por la Cocina Económica para echar una mano. / Cedidas
La Cocina Económica de Oviedo no se detiene. Ni los domingos, ni los festivos, ni siquiera cuando el frío aprieta con más fuerza. Tampoco en Navidad, las fechas más sensibles para quienes tienen que recurrir a esta entidad. Al frente de la institución, desde el pasado 1 de enero, Mar Prieto cumple ahora su primer año como presidenta, un cargo que asumió tras más de tres décadas vinculada a la casa como voluntaria. Extrovertida, cercana y con una facilidad innata para hacer barrio, Prieto fue durante años una figura muy conocida en Ciudad Naranco, donde estuvo al frente de la librería Reconquista. Un negocio que, más allá de la venta de libros, se convirtió en punto de encuentro del vecindario, de colegios, familias y niños. Un grave accidente de tráfico la obligó a parar en seco y, finalmente, este mismo año, a cerrar la que había sido su casa durante años. Un cierre duro, marcado por la despedida del barrio y de sus clientes, que coincidió en el tiempo con su llegada a la presidencia de la Cocina Económica, donde ahora centra todos sus esfuerzos. “El balance es positivo”, resume, aunque reconoce que la responsabilidad es mayor de lo que imaginaba. “Cuando ves los toros desde la barrera parece todo más fácil, pero dirigir una institución así tiene mucha trabajera”.
Conoce bien cada rincón de la Cocina Económica. Empezó hace 32 años, cuando llamó por teléfono para ofrecer su tiempo y dejó claro que no quería colaborar con dinero, sino “con las manos”. Recuerda perfectamente aquel primer día sirviendo cafés, bajo la lluvia, rodeada del olor a ropa mojada y calle. “Llegué a casa y no cené. Estuve un mes sin cenar”, cuenta. Pasó la prueba y ya no se fue. “Desde entonces jamás dejé de venir”. Ese conocimiento profundo de la Cocina le ha permitido afrontar un año intenso, donde «todos remamos en la misma dirección”. Pero también admite que ser presidenta implica estar disponible para todo: reuniones, donaciones, llamadas del Ayuntamiento o imprevistos diarios. “Hay veces que no puedes delegar, tienes que estar ahí”.
Tener trabajo y no llegar a fin de mes: la ‘nueva’ pobreza
Uno de los menús especiales de la Cocina, el del Día de Santiago, en julio.
Detrás de cada servicio hay una estructura sólida y muy humana. Prieto destaca como pieza fundamental a las Hijas de la Caridad, que dan “ese espíritu a la casa”. No solo coordinan el comedor, sino que acompañan a las personas usuarias mesa a mesa. “Ese respeto que sienten por ellas es vital. Para alguien que está en la calle, que no tiene a nadie, que alguien se preocupe por ti es fundamental”. Junto a ellas, una docena de trabajadores y cien voluntarios sostienen el día a día. “Les dije el otro día que cocinan con el alma en las manos”, afirma sobre el equipo de cocina, capaz de improvisar menús cada jornada en función de las donaciones, siempre bajo el compromiso de desperdicio cero. “Aquí todo es a mil por hora. Son 300 servicios diarios y cada servicio lleva cinco platos”.
En total, alrededor de 300 personas acuden cada día a la Cocina Económica. Son perfiles muy variados, aunque predominan los hombres, que suponen un 75% del total. En su comedor hay una mezcla de casos. Hay quien sufre de adicciones o problemas de salud mental, personas inmigrantes y también el nuevo perfil, el de las personas que, pese a tener un trabajo, no llegan a final de mes. A finales de mes, cuando se ya no hay sueldo que estirar, es cuando el comedor más se llena. Además del comedor, la entidad atiende a familias derivadas por los servicios sociales. Este año han pasado por el programa 297 familias, lo que supone 869 personas, de las cuales 355 eran menores. Muchos, demasiado, niños.
«Para alguien que está en la calle, que no tiene a nadie, que alguien se preocupe por ti es fundamental”
Mar Prieto (segunda por la izquierda) Encarna Virgós, Sor Carmen Lorenzo y el escritor David Estévez junto a parte del equipo de la Cocina.
Sin embargo, en las instalaciones de la calle San Vicente, en pleno casco histórico, no solo alimenta. También se acompaña, se orienta y, cuando es posible, se ayuda a salir del circuito de la exclusión. En este último año, 66 personas lograron incorporarse al mercado laboral tras pasar por la entidad, un dato que Prieto pone en valor como uno de los logros más importantes. “Eso es lo que de verdad nos gustaría: que no hiciera falta venir aquí”.
Por quien cada día depende se su labora, esta entidad no para. Entre las novedades impulsadas este año destaca la ampliación del servicio de desayunos a domingos y festivos, un vacío que hasta ahora quedaba sin cubrir. “Si estás en la calle, qué menos que un café caliente”, defiende su presidenta, que tiene siempre en la dignidad y la humanidad la base de la ayuda. Otro de los grandes proyectos en marcha es la creación de una red de cocinas económicas del norte de España, una iniciativa en la que Prieto trabaja desde febrero junto a otras entidades. “Ya tenemos estatutos y estamos avanzando en consolidarnos». El objetivo, además de compartir experiencias y soluciones, es poder solicitar ayudas europeas. Todo ello mientras la entidad cierra el año con un balance económico ajustado. Y ajustado es un eufemismo. Lo cierran en negativo. “Pese a todas las ayudas, que son muchas, gastamos más de lo que ingresamos”, reconoce, recordando una vez más la importancia de las donaciones.
«Desde el taxista que aparece con el maletero lleno de lentejas hasta los niños de un colegio que nos llenan dos furgonetas en una operación kilo. Todo vale y todo se aprovecha«
Fundaciones, empresas, asociaciones y particulares sostienen buena parte del trabajo diario. Desde grandes cadenas de alimentación, como el caso de la Fundación Alimerka, Familia, Mercadona o Masymas, hasta colectas espontáneas. Quien quiera colaborar puede hacerlo como voluntario (siempre hacen falta manos) o mediante donaciones de alimentos o recursos económicos. “Desde el taxista que aparece con el maletero lleno de lentejas hasta los niños de un colegio que nos llenan dos furgonetas en una operación kilo. Todo vale y todo se aprovecha”. Todo. Porque el compromiso de desperdicio cero se lleva a rajatabla en estas instalaciones, donde nada se desperdicia.
Pero si hay un momento especialmente sensible es la Navidad. “Es la más complicada, pero también la más guapa”, dice Prieto. Durante estas fechas se refuerza el acompañamiento. Este año ya tienen comprados los regalos de Navidad. Mantas, calcetines, gorros, guantes e incluso una treintena de sacos de dormir para las personas que viven en situación de calle. La cena de este miércoles, la de Nochebuena se convierte en uno de los momentos más especiales del año. Habrá villancicos, un menú especial y servicio distinto. “Ese día les servimos nosotros en la mesa. Normalmente ellos pasan con la bandeja y les servimos, pero ese día les servimos en mesa. Les invitamos a sentarse y los atendemos como en cualquier casa”. No hay prisas ni horarios estrictos. “Que terminen la cena de Nochebuena con dignidad, como hacemos todos en nuestras casas”. También hay celebraciones en Nochevieja y Reyes, donde tampoco faltarán las uvas.
«Lo más duro es que la gente pasa y ni te mira»
Pero más allá de la comida y el abrigo, Prieto insiste en algo más sencillo. Más humano. Recuerda las palabras que le contó un hombre que pedía en la calle Uría. “Lo más duro es que la gente pasa y ni te mira. Parece que somos transparentes”. Un gesto mínimo, que muchas veces, por la prisa o el desinterés, marca la diferencia para estas personas. “Solo necesitan que les miren a los ojos”.
Tras tres décadas al pie del cañón, Mar lo tiene claro, el deseo para 2026 es tener «menos usuarios» y poder conseguir más puestos de trabajo para los que aún acudan. Que la rueda de la solidaridad no pare. Que no se active solo en Navidad. Y que entre unos y otros, personas todos, sigamos sabiendo ayudarnos.