
«Las criaturas migrantes sin una persona adulta de referencia son seres humanos fragilísimos, debilísimos, con un desconcierto vital inmenso, y es imperativo político, cívico, ético y moral otorgarles protección»

Escribo esta columna como portavoz de Podemos Uviéu/Oviedo, pero me van a permitir que lo haga también como vecina que coordinó iniciativas solidarias muy a pie de calle, y como madre. Sí, que escriba también esta columna como madre.
No me leerán aquí hablando de ‘MENAS’, sigla lexicalizada de la expresión ‘Menores extranjeros no acompañados’; es decir, menores en condiciones de extrema vulnerabilidad y desprotección. No aludiré de ese modo, MENAS, a esas criaturas, invisibilizándolas, convirtiéndolas en un colectivo amorfo, deshumanizándolas. Las criaturas migrantes sin una persona adulta de referencia son seres humanos fragilísimos, debilísimos, con un desconcierto vital inmenso, y es imperativo político, cívico, ético y moral otorgarles protección, que no es otra cosa que otorgarles amparo, abrigo, refugio: un hogar, alimentos, ropa, medicinas, productos de higiene, educación, juguetes. Y afecto y caricias.
Tras la entrada en Ceuta de miles de personas desesperadas hace unos días, procedentes de Marruecos, es preciso atender con urgencia a los menores; y qué vamos a decir de las menores, de las niñas. ¿Se imaginan el riesgo que corren las niñas sin protección adulta en estas circunstancias? Es urgente esa atención, y es urgente, como Estado, la acción solidaria con la Ciudad Autónoma de Ceuta. Asturies, pues, tiene la obligación legal, política y moral de acoger a los niños, las niñas y las y los adolescentes que se precise. Porque no, no son MENAS; son criaturas sin madre, y Uviéu no solo como ciudad, como concejo, como lugar con recursos, con riqueza, con mirada abierta y solidaria, como sociedad trabajadora y valiente, debe, y puede, acoger a estas criaturas sin madre.
¿Dónde? En el barrio de La Florida; en otro lugar, aún no lo sabemos. La Consejería de Derechos Sociales y Bienestar, junto con las organizaciones concernidas del tercer sector, decidirá, de acuerdo con criterios técnicos. Tenemos en Asturies personal técnico en materia de servicios sociales cualificadísimo y comprometidísimo, tanto empleados públicos y empleadas públicas, como las personas trabajadoras de las entidades del tercer sector, que son aquellas que atienden las necesidades de carácter social de la ciudadanía.
Es comprensible la inquietud vecinal ante la posible llegada de una realidad nueva al barrio que sea, al pueblo, pero, con la información que proporcionen quienes tienen la responsabilidad, se podrán disipar las dudas y las preocupaciones, y demostraremos que en Uviéu somos gentes solidarias que acogemos a las criaturas sin madre, que además estarán tuteladas, acompañadas y protegidas por ese personal expertísimo y comprometidísimo del que hablaba antes.
Porque, además, la mejor política de seguridad es aquella que protege al débil, aquella que otorga derechos sociales, aquella que integra y no crea guetos. Unos servicios sociales fuertes y bien dotados de recursos humanos y materiales son imprescindibles para tener sociedades seguras y con buena convivencia.
No soy anarquista, puesto que creo en un Estado fuerte, con una política fiscal con la que pague más impuestos quien más tiene, y que ese Estado redistribuya lo recaudado de acuerdo con principios de justicia social. No soy anarquista, pero leo al científico y filósofo Piotr Kropotkin, en su obra ‘El apoyo mutuo. Un factor de evolución’: «Pero no es ni el amor, ni la simpatía, aquello sobre lo que el hombre creó su sociedad. Ésta fue creada sobre la conciencia de la solidaridad humana y de la dependencia recíproca de los hombres. Fue creada sobre el reconocimiento inconsciente de la fuerza que aporta a cada hombre la práctica de la ayuda mutua, de la estrecha dependencia de la felicidad de cada individuo con la felicidad de todos, y sobre los sentimientos de justicia o de equidad que obligan al individuo a considerar los derechos de los otros como iguales a sus propios derechos».
Hablo como portavoz de Podemos Uviéu. Podemos, una organización política que siempre defendió el principio irrenunciable de otorgar derechos y protección a quienes los necesitan, pero también, como dije al principio de estas líneas, hablo como coordinadora que fui de iniciativas solidarias muy a pie de calle, en las que conocí a un adolescente que llegó a nuestro país sujeto a los bajos de un camión, huyendo del hambre y de la falta de futuro; que estaba protegido por nuestra Administración y cuidado por una organización no gubernamental de la Iglesia católica, y que en unos Reyes Magos que organizamos en aquellos desayunos solidarios nos pidió una sudadera. Una sudadera, como la que nos piden nuestros hijos y nuestras hijas para los Reyes Magos. Una criatura sin madre que quería una sudadera gris.
También, como dije al principio, quiero hablar como madre, egoístamente como madre de una chica joven. Espero que nunca ocurra, pero si alguna vez está desprotegida, ojalá encuentre un recurso solidario, profesional y comprensivo que la acoja.
Porque nadie habita el País de las Personas Salvadas; incluso quienes creemos vivir, como diría el excelso Van Morrison, en el lado iluminado del camino. No estamos libres de la pobreza, de la guerra, del hambre, de la inseguridad, de la desolación, de la destrucción, del calor abrasador o del frío más intenso, de la enfermedad física, de la perturbación mental, de la adicción…
Protejámonos, pues, recíprocamente. Ofrezcamos amparo; quién sabe si alguna vez lo necesitaremos, o aquellas personas que amamos. Ofrezcámoslo, aunque creamos vivir en el País de las Personas Salvadas. Solo así saldremos adelante y progresaremos como especie.
Demos auxilio a las criaturas sin madre.