La Plataforma El Campillín no se Toca, que agrupa ya a casi una veintena de organizaciones ciudadanas, muestra su enfado ante los trabajos de perforación junto a la zona de juegos infantiles

Este lunes dieron comienzo los trabajos de perforación para realizar sondeos o catas geotécnicas con vistas al proyecto impulsado por el equipo de gobierno municipal para la construcción de un parking subterráneo en la parte baja de El Campillin.
Varios operarios trabajaban con una máquina perforadora en un lateral de la zona de juegos infantiles situada en el parque, algo que causó bastante indignación entre los miembros de la plataforma El Campillín no sé Toca que está abiertamente en contra de este aparcamiento.
En redes sociales algunos de ellos criticaban que al menos en la mañana de ayer no se haya puesto señalización de peligro junto a la maquinaria al estar al lado de una zona donde acuden numerosos niños a diario.
La plataforma ciudadana, constituida recientemente, ha crecido a gran velocidad y en solo unos días son casi una veintena las organizaciones que se han sumado a esta iniciativa, entre otras la Asociación de Vecinos Santo Domingo-Campillín, promotora, Oviedo Redondo, Otero Norte, Villafría-Fuente Pelayo, y otros colectivos como, Plataforma La Malatería no se Tira, Plataforma Uniendo Barrios Uviéu, Ecologistas en Acción o Amigos de la Naturaleza. Como primera acción de protesta han convocado una concentración en el propio Campillín coincidiendo con la celebración del Martes de Campo, el próximo 10 de junio. El acto tendrá lugar en la plaza ubicada entre las calles Padre Suárez y Marqués de Gastañaga a partir de las 11.30 horas.
La nueva plataforma ciudadana buscará el apoyo de expertos en botánica para conocer la situación de la masa arbórea del parque y el posible impacto sobre ella en caso de que se lleve a cabo el aparcamiento soterrado.
Los asistentes afirman que aunque el Ayuntamiento asegure que el parking solo afectaría a la plaza de la parte baja del parque, los grandes árboles situados en la parte alta, cerca de Arzobispo Guisasola, son tan viejos que sus raíces pueden llegar hasta la parte inferior del área y podrían verse afectados.
Una de las integrantes de la plataforma se preguntaba si “las catas del Campillín se hacen teniendo informe de botánica” y añadía que un técnico en la materia le comentó “que era obligatorio presentarlo a la vez que el geotécnico y que debía estar a disposición de cualquiera”.
Hasta el siglo XVIII, la zona era conocida como «Campo de los Herreros» porque allí se encontraba un mercadillo de objetos antiguos. Su configuración actual se remonta la postguerra. Un bombardeo en la Guerra cCivil destruyó la zona y dejó un espacio libre en la que se construyó el actual parque en el que predominan plátanos, tilos, chopos, hayas, encinas, arces, magnolios, cercis, thujas, gingos y catalpas. Los domingos sigue celebrándose un rastro donde se venden artículos y ropa de segunda mano. En su parte baja se encuentra la zona nfantil y mesas de ping pong.