Un carril bici aislado, inconexo, no cambia los hábitos de movilidad ni ofrece una alternativa real al coche. Por eso resulta imprescindible que este nuevo itinerario se enlace correctamente con las infraestructuras ya existentes o en ejecución

Que el Ayuntamiento de Oviedo/Uviéu haya decidido sacar del congelador los proyectos de carriles bici es, sin duda, una buena noticia. Después de años de parálisis y mensajes contradictorios, la reactivación de estas infraestructuras supone un paso en la dirección correcta. En particular, celebramos que se vaya a ejecutar la conexión peatonal y ciclable entre la entrada de la fábrica de La Vega y el Palacio de los Deportes, una intervención que ya figuraba en el proyecto Imagina un Bulevar y que llevaba demasiado tiempo esperando.
Ahora bien, tan importante como construir nuevos tramos es hacerlo con coherencia. Un carril bici aislado, inconexo, no cambia los hábitos de movilidad ni ofrece una alternativa real al coche. Por eso resulta imprescindible que este nuevo itinerario se enlace correctamente con las infraestructuras ya existentes o en ejecución. Es clave, por ejemplo, conectar el carril bici impulsado durante el gobierno del Tripartito entre La Monxina y La Corredoria, así como asegurar la continuidad del tramo que se está construyendo en Cerdeño y prolongarlo hasta Colloto.
Pero el reto no acaba ahí. Si de verdad se quiere apostar por la bicicleta como medio de transporte cotidiano, este eje ciclable debe llegar al centro urbano. La conexión hasta la Escandalera a través de Víctor Chávarri no es un capricho: es la condición mínima para que la red sea útil.
Una vez completado este primer eje, Oviedo/Uviéu no puede seguir posponiendo el resto de conexiones estratégicas. Siguen pendientes tres grandes ejes fundamentales: la conexión por La Estrecha hacia Lugones, la conexión con las universidades y la conexión con San Claudio. Hoy por hoy, ninguno de estos recorridos cuenta con tramos reales de carril bici. Conviene recordar que lo que hay en La Florida no es un verdadero carril bici, segregado del tráfico motorizado, y eso marca una diferencia crucial en términos de seguridad y percepción de riesgo.
Oviedo/Uviéu necesita dejar atrás las soluciones simbólicas y apostar de forma decidida por una red de carriles bici continua, conectada y segura. No hablamos solo de movilidad, sino de salud pública, de calidad urbana y de modelo de ciudad. Reducir la dependencia del coche es una necesidad para construir un entorno más habitable.
La oportunidad está sobre la mesa. Ahora toca no quedarse a medio camino.
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