La calle ovetense permanecerá cerrada al tráfico entre las 11:00 y las 12:45 horas por el acto conmemorativo del aniversario de la muerte del militar ovetense, fallecido en Marruecos en 1909 tras alertar a sus compañeros de que estaba rodeado por el enemigo

Si este viernes tienes previsto circular por el centro de Oviedo, hay una calle que tendrás que evitar durante casi dos horas. La calle Cabo Noval permanecerá cortada al tráfico entre las 11:00 y las 12:45 horas con motivo de un acto conmemorativo por el aniversario del fallecimiento del militar que da nombre a esta vía ovetense. Pero, ¿quién fue realmente el Cabo Noval? Detrás del nombre de esta céntrica calle se encuentra la historia de un militar ovetense cuya muerte en Marruecos, a comienzos del siglo XX, le convirtió en una figura recordada por el Ejército y por su ciudad natal.
Luis Noval Ferrao nació en Oviedo el 16 de noviembre de 1887, en la calle Santa Susana. Antes de incorporarse al Ejército había sido alumno de la Escuela de Artes e Industrias de la ciudad y trabajaba como ebanista. El 4 de marzo de 1909 se alistó como soldado en el Regimiento de Infantería del Príncipe número 3. Poco después ascendió a cabo y fue enviado a Marruecos, donde participó en las operaciones militares de aquel año. Su muerte se produjo apenas unos meses después de incorporarse al Ejército. Fue en la madrugada del 28 de septiembre de 1909, en el Zoco el Had de Beni Sicar, en la zona de Melilla.
Según el relato conservado por el Ministerio de Defensa, Noval se encontraba alrededor de las dos de la madrugada recorriendo la línea de escuchas del campamento cuando, debido a la oscuridad, se alejó demasiado del perímetro. Fue entonces cuando un grupo numeroso de combatientes lo atacó y lo condujo hacia las alambradas del campamento. El objetivo, según el relato militar, era utilizar al cabo para aproximarse a las posiciones españolas haciéndose pasar por soldados.
Cuando llegaron cerca de una de las entradas, los atacantes comenzaron a gritar para intentar engañar a los defensores. El primer teniente Evaristo Álvarez llegó incluso a ordenar que cesara el fuego al distinguir a Noval junto a las alambradas. Pero el cabo sabía que abrir fuego podía ser la única forma de impedir que el grupo penetrase en el campamento. Entonces gritó: «¡Tirad, que vengo entre moros! ¡Fuego! ¡Viva España!». Los soldados españoles abrieron fuego y rechazaron el ataque. Al amanecer encontraron el cuerpo de Noval junto a las alambradas, abrazado a su fusil y con la bayoneta ensangrentada. Junto a él aparecieron también los cadáveres de dos de los atacantes.
Una muerte que convirtió su nombre en símbolo
La noticia de su muerte provocó numerosas muestras de reconocimiento. Se abrió una suscripción popular para perpetuar su memoria y posteriormente se levantaron monumentos dedicados al cabo ovetense. En Oviedo, sus restos reposan en el cementerio de El Salvador, bajo un monumento realizado por el escultor asturiano Víctor Hevia. También se instaló una lápida en la fachada de su casa natal, en el número 12 de la calle Santa Susana, tras las exequias celebradas en la Catedral de Oviedo el 19 de abril de 1910. Su figura fue reconocida además con la concesión, a título póstumo, de la Cruz Laureada de San Fernando.
La historia de Noval llegó incluso a la pintura. El artista valenciano Antonio Muñoz Degraín plasmó su muerte en El cabo Noval (episodio de la guerra del Riff), una obra con la que obtuvo la medalla de oro de la Exposición Nacional de 1910. Y Madrid también conserva su recuerdo: en la Plaza de Oriente, frente al Palacio Real, se levantó un monumento realizado por Mariano Benlliure, inaugurado en 1912.