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Asturias y sus conexiones ferroviarias: la realidad que apenas se está contando

Firma invitada por Firma invitada
19/11/25
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La red ferroviaria central de Asturias —la que une Oviedo, Gijón y Avilés— no está realmente adaptada a los estándares europeos que se presumen en los discursos oficiales

Hay un dato incómodo que llevamos esquivando demasiado tiempo: la red ferroviaria central de Asturias —la que une Oviedo, Gijón y Avilés— no está realmente adaptada a los estándares europeos que se presumen en los discursos oficiales. Y, sin embargo, seguimos oyendo que “la modernización ya está hecha”, que “Europa no entiende la situación”, o que “Bruselas mete la tijera”.

La verdad es más sencilla, aunque más dura: no estamos donde decimos estar.
Y cada vez es más evidente.

1. El origen del problema no está en Bruselas. Está aquí.

Cuando la Comisión Europea cuestiona el grado de modernización de nuestras conexiones, no lo hace por capricho. Lo hace porque la documentación que se ha enviado desde instituciones españolas —incluido el Principado— presenta una Asturias ferroviaria que, sencillamente, no existe sobre el terreno.

En términos formales, se ha informado de una infraestructura que cumple criterios europeos: interoperabilidad, ancho estándar, modernización integral, posibilidad futura de tráfico de mercancías de altas prestaciones, etc.
Pero esa descripción no coincide con la realidad operativa del eje Oviedo–Gijón.

Bruselas no se ha inventado nada: ha contrastado papeles con hechos.

2. El espejismo técnico

En Asturias, la palabra “modernización” se ha usado como si fuera una especie de conjuro político.
Pero cuando se mira la infraestructura con lupa, aparecen las grietas:

  • Ancho ibérico casi íntegro, incompatible con el estándar europeo que piden las directivas TEN-T.
  • Falta de ERTMS operativo, el sistema que garantiza velocidades competitivas y seguridad avanzada.
  • Electrificación incompleta o con criterios de hace varias décadas.
  • Obras parciales presentadas como “transformación integral”.

El resultado es un híbrido extraño: algo más bonito, algo más cómodo, pero muy lejos de un corredor europeo moderno.

3. No es un fallo técnico: es un fallo de política pública

La conversación pública se ha llenado de reproches hacia Europa. Pero la pregunta clave es otra:
¿Quién decidió enviar ese expediente y quién firmó que todo aquello estaba técnicamente adaptado?

Si Asturias está hoy “en vía muerta”, no es por un castigo exterior, sino por la ausencia de un plan serio y transparente en casa. Esto incluye:

  • Falta de un estudio completo y publicado, accesible para ciudadanía y especialistas.
  • Uso de términos ambiguos —“mejora”, “modernización”, “adaptación”— para evitar precisar estándares.
  • Una política ferroviaria que apuesta más por el relato que por la ingeniería.

4. Compararnos con otras regiones da vértigo

Mientras Asturias intenta vender como “avance europeo” actuaciones que apenas rozan la modernización, otras comunidades llevan años aplicando criterios reales:

  • Líneas en ancho estándar.
  • Plataformas preparadas para tráficos mixtos.
  • Revisiones auditoras externas.
  • Planes a 20 y 30 años, no a cuatro.

El contraste no es solo técnico: es cultural.
Aquí, esa mezcla tan asturiana de resignación e inercia —esa puxarra que todos reconocemos— ha contado más que el proyecto.

5. Lo que sí necesita Asturias: claridad y planificación seria

La buena noticia es que sabemos perfectamente qué habría que hacer. Lo malo es que seguimos sin hacerlo.

Asturias necesita:

  1. Un proyecto ferroviario completo, no remiendos.
  2. Transparencia documental: publicar expedientes, auditorías y trazabilidad técnica.
  3. Una hoja de ruta europea real, con fechas, fases y prioridades.
  4. Invertir en interoperabilidad y tráfico de mercancías competitivo, clave para Musel y los polígonos industriales.

No es pedir la luna. Es pedir lo que ya es normal en cualquier región europea que aspire a ser competitiva.

6. Y la pregunta final: ¿cuándo vamos a asumirlo?

Asturias puede seguir envolviéndose en la ilusión de que ya tiene una red europea moderna, o puede empezar a construirla de verdad.
Pero lo que no puede es retrasar eternamente el momento de mirar el espejo.

Europa no nos ha señalado para humillarnos.
Solo ha levantado la mano y ha dicho: “Esto no coincide con lo que ustedes mismos declararon”.

La responsabilidad es nuestra.
Y, si queremos movernos, también la solución.

Comentarios 1

  1. Deva says:
    2 meses ago

    Y que vuelvan a poner las líneas de larga distancia que quitaron, como la línea Gijón-Barcelona, no entiendo la razón porque el tren iba siempre lleno.

    Responder

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