La afición, acongojada, y el equipo, atenazado, se temían lo peor hasta que un «cazorlazo» de falta devolvió las ideas a los jugadores y la calma a la grada. Santander o Miranda esperan.

Se palpaba la tensión ayer en Oviedo desde unas horas antes del inicio del encuentro del play off de ascenso frente al Almería. Pese a la renta de un gol a favor de los azules gracias al 1-2 de la ida, las dudas reinaban en una nerviosa afición.
Bengalas, gritos de ánimo e himnos previos aparte, la grada pareció contagiarse del nerviosismo de los jugadores en cuanto comenzó a rodar el balón. En los bares y sidrerías, lamentos, cerveza o culín entre medias, y miedo…mucho miedo. La sombra nefasta del último play off se cernía sobre la ciudad desde el Naranco a Ventanielles cuando antes de la media hora de juego Melero fulminó un penalti. Menos mal que un impagable Aarón y los palos salvaron al Oviedo.
Al descanso la afición parecía encomendarse a Cazorla, que ya había estado calentando porque el equipo estaba sin ideas y el Almeria apretaba. Así lo vio el mister que sacó al pequeño genio y en pocos minutos una falta un tanto ladeada fue la bala que le faltaba al Oviedo. Golazo de Cazorla o cazorlazo y delirio en el graderío que por fin relajó tensión.
El equipo pareció serenarse y el partido se equilibró pese a que el Almería nunca bajo los brazos; pero el Oviedo comenzó al menos a hilar alguna jugada y amenazas la portería rival, con gol anulado por fuera de juego incluido.
En fin, El choque termino en tablas y la eliminatoria para el Oviedo vuelve a llevar al equipo al último capítulo. El desenlace comienza este sábado en Santander o Miranda de Ebro y concluirá el próximo miércoles en el Tartiere. Tomen aire, señores.