El histórico establecimiento de la calle Uría pone fin a su actividad por la jubilación de su propietario y será sustituido por una cadena de churrerías

Oviedo se despide esta semana de uno de sus cafés más emblemáticos. El Rívoli, ubicado en el número 7 de la calle Uría, cerrará definitivamente sus puertas el próximo sábado, poniendo fin a una trayectoria de más de sesenta años vinculada a la vida cotidiana de la ciudad. El motivo del cierre no responde a problemas económicos ni a una caída de la clientela, sino a la jubilación de su propietario, Antonio García, al frente del negocio desde 1980. Fundado a finales de la década de 1950 tras reconvertirse en cafetería, el Rívoli se consolidó con el paso de los años como un punto de encuentro habitual para ovetenses, visitantes y turistas. Su ubicación estratégica, en una de las principales arterias comerciales de la ciudad, lo convirtió en un espacio de parada frecuente y en un referente del café tradicional en la capital asturiana.
Más allá de su actividad hostelera, el Rívoli deja una huella reconocible en la memoria colectiva de la ciudad. Generaciones de clientes lo identifican como un lugar de reunión, espera o conversación, y su nombre llegó a convertirse en una referencia habitual entre los carbayones de dentro y fuera de Asturias. Ahora, su cierre supone también el adiós a una forma de entender la hostelería y que deja atrás uno de los históricos cafeteros del centro. El bajo no quedará vacío. Tras una reforma, el espacio será ocupado por una cadena de churrerías con presencia en otras ciudades asturianas, tal y como adelante el diario El Comercio.